He estado leyendo el libro de Josué esta semana. Las historias son un poderoso recordatorio de quién es Dios cuando vemos cómo reacciona a las situaciones en la vida de Su pueblo. Nosotros somos su pueblo también, por lo que sería prudente leer y aprender cómo Dios se relaciona en nuestra vida diaria. A Dios le importa profundamente la ética, es decir, no solo robar, mentir o eludir los límites legales; las historias de la Biblia revelan que a Dios le importa que se haga lo que es correcto. Esta historia y la de Hechos 5 trata sobre dos hombres y una buena esposa que pensaron que estaban siendo más inteligentes que los líderes de Dios;  pensaron ser astutos. Ser astuto no es ser sabio y Dios quiere que aprendamos esa lección sin tener que sufrir como sufrieron estos dos. Dios nos dio dos historias muy contundentes para demostrar lo que Él considera inmoral y lo que le mueve a juzgar. Por definición lo ético se relaciona con el principio moral o una rama del aspecto moral. Concierne al bien y al mal en el comportamiento. El libro de Josué comienza después de la muerte de Moisés con Josué como el nuevo líder. Dios le promete a Josué la misma bendición que le dio a Moisés. Es difícil ser líder, pues requiere tomar decisiones difíciles manteniendo la ética en constante equilibrio, tanto la propia como la de los demás. Josué estaba a punto de descubrir lo que Moisés tuvo que aprender en carne propia, lo que lo llevó a su muerte prematura.

El valor es esencial en un líder como podemos ver por el hecho de que tres veces en solo cuatro versículos Dios le dice a Josué que tenga valor. Obviamente Dios sabe que Josué teme asumir una posición que le obligará a tomar decisiones que afectarán la vida de tantas personas. Josué puso en peligro a dos espías al enviarlos a una ciudad llamada Jericó. Fueron descubiertos y estuvieron en peligro de ser asesinados, pero Dios usó a una ramera para esconderlos y proporcionarles una ruta de escape para que pudieran volver a contarle a Josué lo que investigaron sobre la ciudad de Jericó. Para salvar a los espías, esta mujer de carácter dudoso mintió a quienes tenían autoridad. A su vez esta mujer fue bendecida y estimada por sus acciones. Tus hijos necesitan entender qué es una ramera y necesitan ver que Dios perdona y usa a las personas independientemente de sus antecedentes. Fue perdonada la vida de Rahab porque ella le creyó a Dios. Este es un aspecto de Dios que a menudo no nota  la gente.  Tus hijos necesitan estas historias para que puedan tomar decisiones rectas como adultos. Muchas personas están confundidas sobre el carácter de Dios. Las historias bíblicas aclaran el asunto.

Al final del capítulo 5, Josué tiene un encuentro glorioso con el capitán del ejército del Señor. Este capitán celestial le da a Josué los planes de guerra sobre cómo derribar la ciudad de Jericó con sus altos y gruesos muros de piedra. Los muros protegían a un pueblo tan depravado que Dios le dijo a Josué: “Y será la ciudad anatema a Jehová, con todas las cosas que están en ella; solamente Rahab la ramera vivirá, con todos los que estén en casa con ella, por cuanto escondió a los mensajeros que enviamos. Pero vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de Israel, y lo turbéis. Mas toda la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro, sean consagrados a Jehová, y entren en el tesoro de Jehová”. (Josué 6: 17–19). Dios le dijo a Josué que mataran a todos los hombres, mujeres, niños y animales en Jericó y que quemaran todo lo demás excepto el oro, la plata, el bronce y el hierro que deberían entregar al tabernáculo. La ciudad tenía algo tan terrible que Dios la llamó maldita. Y Dios le hizo saber a Josué que era muy importante que nada de lo maldito fuera llevado al campamento del pueblo de Dios.

 

DIOS NO LO EXPLICÓ, PERO CUANDO DIOS HABLA HAY UNA BUENA RAZÓN DETRÁS.

La acción que Dios le estaba pidiendo a Josué y a los hijos de Israel fue tan horrible que envió a Su propio capitán angelical para darle instrucciones claras a Josué. Josué iba a necesitar gran coraje y valentía para hacer tal cosa, por lo que necesitaba saber con certeza que la orden venía de Dios. Josué tendría que creer simplemente cuando Dios dijo que todo estaba contaminado hasta el punto de estar envenenado, ¡maldito! Durante esos años tempranos, a los hombres de guerra se les pagaba permitiéndoles tomar lo que llamaban “botín de guerra”. Cuando derrotaban a una ciudad tomaban lo que quisieran de las pertenencias de la gente derrotada. Hasta podían llevar con ellos esclavos para servir a sus familias. Los hombres de guerra estaban acostumbrados a esto, sabían que se les debía por haber peleado. Pero la orden de Josué fue clara; nadie debía tomar nada. Algunos preguntarán: “¿Cómo podía Dios ser tan insensible como para matar hasta a los niños? ¿Y por qué matar a los animales? ¿Y por qué destruir los bienes y objetos de valor cuando podrían ser de gran ayuda para los hijos de Israel que habían estado ambulando todos esos años?” No se nos dicen las razones por las que Dios actuó así, pero debido al hecho de que en algunas conquistas futuras no se les exigió destruir animales y objetos inanimados, es una suposición razonable que esta ciudad en particular estaba infectada con una enfermedad que se propagaría por medio de los objetos personales tomados de los hogares. Aun más siniestro es la idea de que la gente de Jericó practicaba la bestialidad, por lo que los animales tuvieron que ser destruidos. Dios no lo explicó, pero cuando Dios habla hay una buena razón detrás. El capítulo 6 termina con una gran victoria y la bendición de Dios sobre Josué. El capítulo 7 comienza diciéndonos: “Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé;  …y la ira de Jehová se encendió contra los hijos de Israel.”. Comenzaron a suceder cosas malas, cosas sumamente malas y Josué clamó al Señor del por qué. Dios le dijo a Josué: “Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han mentido, y aun lo han guardado entre sus enseres”. (7:11) Pero, ¿cómo Josué podría saber quién era el culpable?

Cuando leemos estas historias podemos aprender a apreciar la misericordia de Dios hasta en los juicios más feos.

Dios le dio a Josué instrucciones de llevar a cada familia ante él para interrogarlos. Finalmente le tocó su turno a Acán y su familia.  Se dio a conocer que él era el culpable: “Pues vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos, lo cual codicié y tomé; y he aquí que está escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello”. Obviamente, Acán pensó que nadie se enteraría de lo que había hecho. No pensó que su pecado fuera tan malo. No entendía a Dios; simplemente no valoraba lo que Dios valora ni comprendía cómo juzga. Realmente no temía a Dios. Estoy segura de que nunca se le ocurrió a Acán que toda la nación sufriría debido a su pecado.  Nunca pensó Acán que su tribu sufriría vergüenza o que su familia pudiera morir simplemente por querer lo que él pensaba que merecía. Probablemente estaba nervioso al principio preguntándose si lo descubrirían, pero después de un tiempo supo que estaba a salvo. Sabemos que pasó algo de tiempo debido a las cosas que sucedieron entre la victoria contra Jericó y el descubrimiento del pecado de Acán. Lo más probable es que disfrutó al pensar en lo astuto que había sido para dar tal golpe. Sin duda soñaba con lo próspero que sería tan pronto como entraran a la tierra prometida. Conocer y temer a Dios trae sabiduría. La sabiduría proviene de saber lo que Dios ha hecho, cómo reacciona, lo que valora y cuán terribles son sus juicios.

ES HORA DE QUE ESTA GENERACIÓN RECIBA INSTRUCCIÓN DE DIOS Y ASÍ APRENDA A TEMERLE.

Dios le había ordenado claramente a Josué que cada persona, cada animal y que todo debía ser quemado, excepto lo que se salvó para honrar a Dios, “la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro, sean consagrados a Jehová, y entren en el tesoro de Jehová”. Tomar lo maldito Dios lo definió como pecado. El versículo 11 incluye “hasta lo hurtado”. No sé si la cosa maldita se refería a la prenda que se tenía que haber quemado. Tal vez estaba tan llena de infección que tenía el potencial de traer la muerte a toda la nación. Acán no era un hombre tan malo, pero el resultado de su juego taimado hizo daño a muchas personas. Es interesante que toda la nación sufriera debido al pecado de un hombre que robó lo que Dios dijo que no tomaran. Este es un punto que se debe considerar en todas las iglesias, ministerios, clubes o grupos de la iglesia y los que yo llamo tribus (personas que trabajan juntas para una misión de algún tipo). Cuando una persona siente que es su “derecho” tomar algo que pertenece a Dios todo el cuerpo sufre. Acán, un solo hombre fue culpable.

Después del juicio y la sentencia la gente cogió piedras y destruyó al hombre y a su familia quienes habían traído la ira de Dios sobre ellos. Dios les dijo que quemaran todo. El fuego destruye infecciones, enfermedades y bacterias. También destruiría pequeños insectos como garrapatas y arañas que podrían transmitir enfermedades terribles. Dios estaba ayudando a Su pueblo a evitar una terrible maldición, pero nadie entendió realmente por qué Dios requería tales cosas. Cuando leemos estas historias podemos aprender a apreciar la misericordia de Dios hasta en los juicios más feos. El siguiente capítulo comienza con Dios exhortando a Josué a tener valor para hacer lo correcto y lo difícil: “Jehová dijo a Josué: No temas ni desmayes; toma contigo toda la gente de guerra, y levántate y sube a Hai. Mira, yo he entregado en tu mano al rey de Hai, a su pueblo, a su ciudad y a su tierra. Y harás a Hai y a su rey como hiciste a Jericó y a su rey; sólo que sus despojos y sus bestias tomaréis para vosotros. Pondrás, pues, emboscadas a la ciudad detrás de ella”.

NO VACILEN EN HABLAR SOBRE LOS DIFERENTES TERMINOS INTRODUCIDOS AQUÍ TALES COMO HURTO, GUERRA, RAMERA O JUICIO. DIOS NOS DIO SU PALABRA PARA NUESTRA INSTRUCCIÓN.

Dios actuó diferente con esta ciudad. Aquí podrían quedarse con los animales y el botín inanimado de guerra. ¡Si tan solo Acán hubiera esperado a que Dios proveyera! Les animo a las madres de educación en el hogar a leer con sus hijos un capítulo al día del libro de Josué y luego hablar sobre lo que han leído. No vacilen en hablar sobre los diferentes términos introducidos aquí como robo, guerra, ramera o juicio. Dios nos dio Su Palabra para nuestra instrucción. Es hora de que esta generación reciba instrucción de Dios y así aprenda a temerle. Oraré durante el mes de julio por las familias que estén leyendo el libro de Josué para que Dios les enseñe sabiduría a ustedes y a sus hijos a través de lo que aprenden mientras leen cómo Dios trabajó entre los hijos de Israel. Somos el pueblo de Dios y Él es el mismo Dios que era en aquel entonces. Aquí hay algunas preguntas e ideas para discutir con tus hijos sobre esta historia. Deberás leer Josué capítulos 1–7 en voz alta a los niños.

  1. ¿Qué es un espía?
  2. ¿Por qué envió Josué espías a Jericó?
  3. ¿Cómo escondió Rahab a los espías?
  4. ¿Qué mentira le dijo a los líderes de su ciudad?
  5. ¿Fue pecado cuando Rahab mintió? ¿Si la respuesta es no, por qué no?
  6. ¿Qué hizo Dios por Rahab por proteger a Sus espías?
  7. ¿Cómo escaparon los espías?
  8. ¿Cómo llegó la gente al otro lado del río?
  9. ¿Qué es la circuncisión?
  10. ¿Por qué crees que Dios hizo que la gente hiciera eso?
  11. Háblales acerca de cómo Dios le dijo al ejército que derribara los muros de Jericó.
  12. ¿Por qué mataron a todos los animales?
  13. ¿Qué opinas de todas las personas muertas incluyendo a los niños? ¿Por qué tuvo que suceder esto?
  14. ¿Por qué crees que tuvieron que quemar todo? ¿El fuego mata los gérmenes?
  15. ¿Crees que ser tramposo y taimado es divertido? ¿Cómo podríamos ser tramposos al tomar las cosas?
  16. ¿Dónde enterró Acán sus cosas? ¿Parecía un lugar seguro?
  17. ¿Cómo descubrió Josué quién hurtó las cosas?
  18. ¿Por qué quemaron todas las cosas de Acán? ¿Crees que había gérmenes o maldad en esa tienda?
  19. ¿Te gustó esta historia?
  20. ¿Qué aprendiste que te hará más sabio?

Mamá, la historia del Nuevo Testamento que trata de este pecado se encuentra en Hechos capítulo 5. Leer este capítulo después de hablar de Josué 1–7 reforzará el tema de “Esfuérzate y sé valiente…” (Josué 1:9).