(Michael continúa donde Debi se quedó en ¿Creada para él?)

Te oigo preguntar: “¿Con qué fin me sacrifico en todo? ¿Le honra a Dios que me pisotee y abuse de mí emocionalmente toda mi vida? ¡No es justo!” Hay un hecho poco considerado que debes enfrentar: todos los matrimonios comienzan con dos personas imperfectas. El mundo está lleno de gente imperfecta. Los hombres perfectos existen solo en los libros, las películas y en tu imaginación juvenil.

El matrimonio es la escuela de refinamiento de Dios; es la oportunidad de enfrentar nuestras propias deficiencias y convertirnos en las personas en las que Dios desea que nos convirtamos. El matrimonio es el mejor contexto para este desarrollo humano porque es un acuerdo que empuja nuestras imperfecciones a la superficie donde podemos ver el daño que hacen. Es donde se revela todo lo de la experiencia humana. Es una relación que no nos permite evitar las consecuencias de nuestro egoísmo e insensibilidad. A diferencia de las relaciones casuales, el matrimonio en una unión diaria y cercana con otro ser humano egoísta donde nos vemos obligados a ver y a sentir el daño que infligimos.

Los hombres y las mujeres han sido creados de manera diferente pero complementaria. Cada uno tiene algo (y es algo) que el otro necesita para completarlo. Cada uno está diseñado para ceder a la naturaleza del otro para alcanzar la plenitud. Solo en un matrimonio debidamente madurado alcanzamos nuestro potencial pleno y la experiencia humana más gloriosa. Pero en todos los casos, la hermosa experiencia es un proyecto en desarrollo. Es un logro que se obtiene a través de mucho sacrificio y la rendición de nuestros derechos personales. Dos personas solo pueden unirse en una nueva unión al ceder. Si cualquiera de ellos espera a que el otro ceda primero, cesa todo el crecimiento. Únicamente en la situación en la que uno de ellos ve su deber ante Dios y continúa cumpliendo su función, es que esa persona continúa creciendo como un ser humano. En realidad es raro que un hombre sea todo (o la mayoría) de lo que debería ser cuando su esposa se comporta fría y distante en la relación. De la misma manera, es igualmente raro ver a una mujer cumplir su deber ante Dios y ante su esposo cuando no él está correspondiendo. La asombrosa y maravillosa verdad que muchos han descubierto es que un matrimonio imperfecto puede reencaminarse y comenzar a convertirse en algo glorioso cuando uno de la pareja comienza a cumplir con su deber a pesar de que el otro no lo hace. No hay esperanza de recuperación cuando cada uno se espera hasta que el otro se rinda.

La única vía para la restauración es que uno de ellos cumpla con su deber al máximo sin tener en cuenta que el otro no responde correctamente. En la mayoría de los casos, el marido estará tan abrumado con su nueva y encantadora esposa que derribará sus barreras y depondrá sus armas de indiferencia e intolerancia y comenzará a apreciar la preciosidad que vive ahora en su hogar. Pero aquí está el punto clave: si la esposa comienza su carrera de “ayuda idónea” como un experimento para cambiar a su marido, fallará siempre ya que él detectará su fachada “religiosa” y no se mostrará vulnerable y ella no tendrá la fuerza moral para soportar los reveses que vendrán indudablemente. Solamente puede haber una razón para que una esposa comience a hacer su parte de sacrificio: honrar a su Dios y obedecer Sus mandamientos. Cuando una mujer se compromete de por vida a ser todo lo que Dios desea que ella sea independientemente de cómo responda su marido gruñón, solo entonces comienza ella a madurar y desarrollarse como persona. Si él nunca responde positivamente, al final ella se convertirá en una santa de proporciones históricas, o sea, será como Cristo en todos los sentidos.

Querida dama, solo cuando tu meta sea asemejarte a Cristo comenzarás el proceso de convertir tu matrimonio en algo glorioso. Por el momento, aún tienes la oportunidad de salvar tu matrimonio y convertirlo en un glorioso testimonio de hacer las cosas a la manera de Dios.