He sido cristiana por 17 años. Me ha encantado llegar a conocer a Dios,  Su amor por mí y por los demás, leer la Biblia y saber lo que Dios tiene para las mujeres y las esposas. Me encanta animarlas a todas ustedes a diario. Admito que a veces me ha sido difícil entender por qué Él (Dios) ha estableció la autoridad. Me criaron rebelde. No me parecía justo que NOSOTRAS tuviéramos que hacer lo que nuestros maridos nos dijeran y ellos no tener que hacer lo que nosotras dijéramos. Y en nuestra cultura actual, se nos ha metido por la garganta decir lo que pensamos y hacer lo que sintamos que está bien. O sea, él también debería escucharme a mí, ¿o no? El matrimonio debe ser 50/50, ¿no? Les voy a decir algo confidencial.Tengo un matrimonio increíble pero no somos perfectos. ¡Sorpresa! En una discusión con mi marido le dije: “Si te pidiera esto, no lo harías; entonces, ¿por qué tengo que escucharte? Creo que esto no tiene sentido y sé que Dios me dice que así es, ¡pero no es justo!” Mi querido y sabio marido me miró y dijo con voz tranquila: “Eso es entre tú y Dios. Parece que le acabas de llamar disparate a Su Palabra.

Me quedé helada. ¿En serio? ¿Acabo de cuestionar la Palabra de Dios? Me sentí destrozada. Fui al baño y clamé a Dios pidiéndole perdón y Efesios 5:22 apareció en mi mente.  Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; ¿Me atrevería a cuestionar a Dios a la cara? Si Él me pidiera algo, ¿Lo obedecería? Claro que sí. Entonces, ¿qué estaba siendo orgullosa rehusando someterme a mi marido? Dios nunca dijo ni siquiera una vez “si es justo” o “si te da la gana” o “si tu esposo hace lo mismo”. Él dijo “estén sujetas” como al Señor. ¡Ay! Me humillaré al admitir que este fue un evento reciente. Entonces, respirando profundo y con corazón arrepentido salí y me disculpé con mi marido. Me di cuenta de que mis emociones habían gobernado mi mente y mi marido generalmente gobierna con lógica. Él es la cabeza que Dios sabía que yo necesitaba. (Por supuesto que de ninguna manera estoy hablando de abuso, solo de la vida cotidiana normal.) El orgullo y el egoísmo te arruinarán.Tenía una raíz escondida plantada por el feminismo y por haber crecido viendo a mi madre sufrir abuso y “diciéndole qué hacer”. No fue en el sentido bíblico el cual hubiera sido para su propia protección o para su bien, sino en una atmósfera controladora impregnada de miedo. Existe una CLARA diferencia. Sin embargo, estaba allí, una espina en mi costado que no me di cuenta que fuera tan profunda. Mi esposo es un hombre Estable/Dominante que “habla” rara vez, así que cuando lo hace, sé que es importante. Pero esta vez mostré mi verdadero corazón. ¡Que horrible! No quise hacer lo que me pidió. Quería yo hacerlo a mi manera.   Pude ver que solo me sometía cuando me convenía. ¡No más! Aprendí una buena lección, señoras. Consideré detenidamente mi propio corazón. Sí, tengo un trauma previo. Sí, tengo una necesidad profunda de controlar y resguardar las circunstancias a mi alrededor para sentirme segura. Cualquiera que ha sufrido abuso lo sabe. Pero ELEGÍ CONFIAR EN DIOS. Nunca más volveré a cuestionar Su Palabra. No importa mi pasado o mis circunstancias, me someteré a mi marido como al Señor Dios mismo parado frente a mí cara a cara. Es Dios quien juzgará a mi marido y sus motivos. Yo serviré al Señor.

Señora, ¿te sujetas solo cuando es fácil? ¿Lo haces solo para verte bien y sentir que estás poniendo de tu parte?

¿Hay cosas que te ha pedido y aun lo ignoras? (una vez más, dentro de los límites bíblicos) Si tienen discusiones, ¿es porque te oponen a su autoridad? Hagamos un chequeo del corazón. Leamos las Escrituras y oremos. Pídele a Dios que te ayude cuando sea difícil. Y por último, confía en Dios; sinceramente obedece a tu marido como si Dios mismo hubiera hecho la petición porque en realidad Dios así lo ha ordenado.

Recientemente tuve un desacuerdo con mi hija. Ella sintió estar en lo correcto, yo exigí tener la razón y ella se marchó sintiéndose lastimada por mí.  Mi marido me dijo que fuera a buscarla y restableciera la relación. No me gustó que me dijeran qué hacer, ni un poquito. Uf, el orgullo es algo feo… Pero la relación restaurada es dulce y mi marido sabía que era lo que ambas necesitábamos.  Espero que mi lección te ayude de alguna manera a mirarte a ti misma y a hacerte la pregunta: “¿Realmente obedezco la Palabra de Dios o solo cuando es conveniente?” Son las pequeñas cosas las que marcan la gran diferencia en los matrimonios. No sofoques a tu hombre. Déjalo dirigir.