Un niño sin esperanza es una vida trágica en proceso. Es trágica porque es innecesaria. Los padres y tutores transmiten esperanza en un futuro brillante por medio de sus palabras y de sus acciones. En esos primeros años de formación es imposible que el niño se sienta diferente de cómo ha sido programado. La esperanza se transmite más con el ejemplo que con palabras. La crítica y el rechazo eliminan la esperanza.  He visto a demasiados niños aburridos o incluso niños enojados que retroceden o se portan mal debido a su falta de esperanza. A menudo el niño proviene de un hogar dividido donde hay peleas, discusiones, alcoholismo, drogas e indiferencia. Pero muy a menudo veo que la falta de esperanza empaña el rostro de un niño que vive en un hogar fuerte y estable. Un niño quien realmente quiere aprender a leer, deletrear o matemáticas pero que simplemente no puede entender, perderá la esperanza cuando escucha desilusión y crítica en la voz de su madre. A veces es algo simple en la vida del niño que causa este profundo efecto de robarle la esperanza. Un niño sin esperanza llega a pensar que no es digno o capaz, o tal vez que no es tan inteligente como otros niños. Puede ser algo muy pequeño que los padres no notan que le quita la esperanza al niño.  Asimismo, algo tan pequeño puede ser el catalizador que produzca una vida de esperanza y expectativa brillante.

Cartas de esperanza

A lo largo de los años hemos recibido muchas cartas de mujeres que nos cuentan que cuando tenían 5 o 6 años alguna familia se ofreció a llevarlas a la iglesia y después a cenar.  Las cartas cuentan una historia similar de cómo una niñita sin esperanza tuvo su primer destello de esperanza mientras ella miraba y esperaba que llegaran esas horas mágicas  cada semana cuando entraría en un mundo completamente nuevo en compañía de un ser humano interesado y relajado que quería pasar tiempo con ella. Con frecuencia estas mujeres escriben de cuando tenían vestidos nuevos y que les hacían una cola de caballo rápida con un moño. Tales cosas tan pequeñas pueden hacer que una niña se sienta hermosa. Las cartas de las mujeres siempre incluían frases como: “Ella me daba esperanza. Veía algo aparte de mi vida miserable. Me sentía valorada y sabía que yo le importaba a Dios”. Estoy segura de que hay muchos muchachos que recibieron tal esperanza de parte de un hombre mayor quien se ofreció a enseñarles algo de carpintería o a manejar un tractor; pero los hombres no tienden a escribir sus historias

Una iglesia de esperanza

Hace tres años nos invitaron a una iglesia en Alabama para un fin de semana de San Valentín para parejas. Oh, te aseguro que fue divertido. Mike tuvo una hora hilarante de narrativa ya que todos eran adultos y deseaban inspiración en sus matrimonios. Mientras estábamos allí, Kimberly Tibbs, la esposa del predicador me invitó a su oficina para contarme de un programa que estaban haciendo con niños de barrios pobres. Repartieron invitaciones en la escuela secundaria (7º y 8º grado) para asistir a una reunión en el gimnasio de la escuela para aprender cómo ser una dama o un caballero. Vinieron unos cuantos niños de 12 años. Les dijeron que cada semana practicarían cómo caminar, hablar, pasar el tiempo, comer, y básicamente aprenderían a ser personas educadas de la sociedad.  El programa estaría diseñado para sacarlos adelante en el mundo. La semana siguiente se presentaron muchos niños de 12 y 13 años, y la siguiente semana fueron por cientos. Durante las próximas semanas se dieron cuenta de que los niños necesitaban mejor ropa qué ponerse para entender lo que buscan las corporaciones estadounidenses. Pusieron un anuncio de donaciones, luego fueron a recoger trajes, corbatas, zapatos y vestidos bonitos y tacones para que los niños eligieran. Luego planearon un banquete en el que todos los niños se vistieron formalmente y les enseñaron a comer correctamente, a hablar de cosas educadas con un tono de voz respetuoso y a tratar a los demás en público.  Los niños abrían las puertas a las niñas y al público y las niñas aprendían a no reírse nerviosamente ni a comportarse como tontas. En todo esto incluían historias de la Biblia y mensajes del Evangelio. Los niños estaban ansiosos por escuchar acerca de Dios al ver Su amor en acción. Los maestros de la iglesia les enseñaban respeto por sí mismos y autocontrol.  Contaban historias de niños que habían triunfado en el mundo y vivían una vida pura, se habían casado y tenían empleos, y les recordaron de todas las niñas que ahora tenían bebés y ni siquiera sabían quiénes eran los papás. Continuaron reforzando: “Decide lo que quieres ser y conviértete en eso. Te ayudaremos a hacerlo realidad”. Se les dio esperanza a esos niños. Les dijeron una y otra vez: “Si quieres salir de este hoyo, te mostraremos cómo. Si quieres aprender a hablar, te enseñaremos. Si quieres sacar mejores grados, trabajaremos contigo. Dinos lo que necesitas, estamos aquí para ti”.

Cuando Mike y yo estuvimos allí para la fiesta de San Valentín, el programa de iniciativa escolar tenía solo seis meses y toda la iglesia participaba ayudando de una u otra manera. Tenían que tener clases para los muchachos, pues había tanto que desaprender y tanto que aprender, incluyendo cómo trabajar y ser dignos de confianza. Todas las chicas querían ropa modesta y se comprometieron a evitar las relaciones sexuales antes del matrimonio. Ahora tenían una esperanza de algo en su futuro aparte de bebés antes del matrimonio y vivir del gobierno.  Me conmoví  tanto al ver los resultados del programa que yo estaba dispuesta a mudarme con estas personas y echarles una mano. Los amé.  Todavía los amo aunque ni recuerdo el nombre de la iglesia. Era verdadera caridad, verdadera religión y dar esperanza verdaderamente  a aquellos quienes tenían poco.

Un Dios de esperanza

Dios se llama a sí mismo el “Dios de esperanza”. Cuando conoces a un Dios vivo que es el Dios de esperanza, entonces tienes una fuente para beber que siempre estará allí… pero debes beber. También tendrás un profundo entusiasmo por compartir esa fuente. “Y el Dios de esperanza os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por el poder del Espíritu Santo”. (Romanos 15:13).

Esperanza en comparación con optimismo

Algunas personas confían en el optimismo, pero el optimismo no da lugar a participar; la esperanza requiere que demos un paso adelante  para a llevar algo a cabo. Básicamente, puedes tener optimismo viendo el juego desde el banquillo, pero esperanza es lo que tienes cuando eres parte del equipo de Dios. La esperanza desarrolla los recursos y el conocimiento directo para proporcionar las herramientas para lograr un fin. A menudo el optimismo es injustificado, pero la esperanza tiene bases. Dios quiere que tengamos esperanza; quiere que confiemos en Él aun cuando las cosas no salen como queremos. Las personas que hablan de estar enojadas o decepcionadas con Dios por no intervenir a su favor, o dolidas porque Dios permitió que sucediera lo peor están haciendo lo contrario de confiar en Dios. Conocerlo es confiar en Él. No es de extrañar que estas personas no tengan esperanza y se tambaleen en la miseria. Buena voluntad es la intención de Dios hacia nosotros.  Recuerda que cuando envió al niño Jesús, toda la hueste de los ángeles del cielo emitió el mensaje de Dios, “buena voluntad para con los hombres”. Quiere que esperemos en Él; esto es un llamado a la acción. Esperanza es esperar con confianza. Cuando las cosas no salen como pensamos que deberían, los que tenemos esperanza simplemente reconocemos que nuestra esperanza está en Dios y confiamos en Él. Podemos sufrir pero no hemos sido derribados;  podemos estar confundidos pero sabemos que vendrá la claridad. Podremos perder nuestro optimismo pero no nuestra esperanza. ¡Qué vida tan aterradora sin el Dios de esperanza!  Sería difícil para cualquier persona que necesite encontrar paz, ayuda, autocontrol o aun un trabajo a menos que tuviera esperanza. Un hijo de Dios quien verdaderamente ha confiado en el Dios de esperanza podrá disfrutar a Dios aun cuando las circunstancias externas sean dolorosas y difíciles.

Bailando sin música

No hay expectativas en la vida que justifiquen arrebatar la esperanza a un niño. La lectura, la escritura y la aritmética son esfuerzos tontos comparados con la alegría eterna, la acción de gracias, la esperanza y la caridad.  Asegúrate de tener esto en cuenta al educar en casa a tus hijos. A menudo he contado mi historia de la educación en el hogar. Tengo problemas de audición, pero nadie pareció notarlo en mi juventud. Realmente necesitaba anteojos, pero nadie detectó este problema hasta que cumplí 16 años. La escuela era como un zumbido de ruido difuminado. ¿Cómo podría un niño aprender en ese ambiente? Vagué confundida la mayor parte de mi juventud. Sin embargo cuando tenía 13 años, la bibliotecaria quien no tenía que preocuparse por exámenes o clases, me tomó como su ayudante y ella se convirtió en mi faro de esperanza. Jamás me dio un papel para llenar ni me hizo prueba alguna. Por solo 30 minutos o menos al día, me leía de todo tipo de libros y me ayudaba a aprender a leer pacientemente. Me dirigió a buen material de lectura. Nació la esperanza. Un intenso amor por el aprendizaje cobró vida. Tenía una montaña que escalar para recuperar los siete años de estudios que habían transcurrido sin que yo supiera lo que estaba pasando, pero yo sabía que podía. Ella me había dado esperanza y esta esperanza había creado en mí recursos y conocimiento directo. Tenía las herramientas para lograr el fin. La esperanza tiene pies para escalar.

George Herbert dijo: “El que vive en esperanza baila sin música”. ¿Bailas sin música? ¿Y tus hijos? ¡Claro que yo sí! Quisiera que todos nos esforzáramos por inculcar esperanza en el corazón de nuestros hijos.