Para muchos, la “educación” es el enfoque principal en la “educación en el hogar”. En cuanto a mí, “hogar” es lo más importante. “Hola, Rebekah, soy tu mamá… Te quiero… ¿Te gustaría cantar la canción del ABC conmigo, Rebekah? Aquí vamos… A B C D E F G… ” Mis amigos me miraban con envidia mientras  regresaba el casete para tocarlo de nuevo. Tenía cinco años y tenía un casete de la voz de mi mamá que me hablaba con un acento sureño grave. También tenía un casete donde mamá enseñaba la fonética y otro con las “tablas de multiplicar”. Estaba bien surtida. Mi plan de estudios en el hogar había sido personalizado.

Matemáticas
Por años, una botella de plástico de cinco galones se encontraba justo a la puerta del dormitorio de mamá y papá. Todo nuestro cambio extra lo poníamos en la botella. Cuando estaba casi lleno, papá lo vaciaba sobre la mesa y todos  corríamos a la banca para contarlo. Parece que había más cincos y monedas de a centavo que cualquier otra cosa. No poníamos muchos dieces ni monedas de veinticinco centavos en la botella. Nos tomaba toda la tarde contar esos centavos y las monedas de a cinco centavos y ponerlos en montoncitos y en rollos de papel. Nos tomaba  mucho tiempo porque teníamos que parar cada cinco minutos y sumar el valor de los rollos que habíamos hecho para ver cuánto teníamos. ¿Podríamos pagar un buggy o solamente una ida a Baskin  Robbins?

Lectura
Cuando yo estuve en el colegio Bíblico, mi profesor de oratoria quería saber dónde había aprendido a hablar en público y le conté mi historia. Los sábados por la mañana después de los panqueques, todos nos tirábamos en el sofá desgastado de la sala. Sacábamos nuestras Biblias y encontrábamos el libro de Proverbios. ¿Qué día era… el nueve? La sabiduría edificó su casa… De pie en el rincón que servía de escenario y de podio, nos turnábamos para sostener nuestra Biblia con una mano y dejábamos la otra libre para gesticular. Luego, con voz alta cada uno de nosotros leíamos nuestro versículo en voz alta, haciendo el mayor contacto visual posible y pronunciando nuestras palabras con claridad. Si alguno balbuceaba o se encorvaba, se le pedía que intentara de nuevo. Rara vez se mencionaba la aptitud para la lectura, todos sabíamos que mejoraría con el tiempo. La verdadera prueba era la comprensión y la presentación en el escenario. Una vez que se leía el verso, el lector exponía el significado como lo entendía. El resto de nosotros comentábamos; ¿Eso es lo que significa, o significa esto…? Los niños más pequeños recibían ayuda de un hermano mayor o de mamá, hasta el niño de tres años que no podía hacer nada más que sonreír alegremente  sobre el borde de la Biblia y anunciar con orgullo que su verso era “acerca de Dios”. Mi madre rara vez da la  impresión de ser una intelectual.

Pero estoy absolutamente convencida de que ella es una de las mejores maestras del planeta. Mamá enseñaba cada vez que respiraba. Contaba todo en voz alta con una voz cantarina; pasos, manzanas, dinero, postes de la cerca. Veíamos el mundo en números porque mamá contaba todo en voz alta. Decía  cada signo en voz alta y señalaba las letras mientras viajábamos. Jugábamos a  encontrar todas las Gs en las carteleras y los anuncios mientras ella conducía por la calle. Preguntaba continuamente: “¿Cuánto crees que pesa esto?” ¿Crees que eso es más que un cuarto de galón o menos? ”  “¿Cuánto dura el embarazo de una vaca?” “Me pregunto para qué sirve esa hierba”. “Te apuesto que podríamos comerla”.  Respondía nuestras preguntas lo mejor que podía, incluyendo respuestas que aún estaban más allá de nuestra comprensión. Mamá disfrutaba aprender por sí misma. Siempre estaba estudiando algo. Recuerdo muchos de sus proyectos: cultivar hongos, hacer teñidos, colchas, hierbas, frijoles de soya, secar alimentos, escribir un libro, cosechar algodón, aprender a ser partera y la lista continúa. Mamá hizo la educación en el hogar una parte de mi vida, algo que nunca dejaré. Ahora como madre de mi propia familia numerosa, me doy cuenta de algo importante.

La esencia de la educación en el hogar es preparar al niño para aprender por el resto de su vida. La educación en el hogar en su máxima expresión es una forma de vida que nunca dejará a un individuo, ayudándole a continuar aprendiendo toda su vida. Enseñar al niño a pensar es mucho más grande de lo que permite el aula moderna. He conocido a niños “educados en el hogar” que nunca aprendieron a pensar, sencillamente porque la mentalidad de “aula” fue instituida en su propia sala de estar. Pero también he conocido a jóvenes adultos que asistieron a escuelas públicas desde el jardín de infantes hasta la universidad que son personas creativas y pensantes. Este fenómeno no tuvo nada que ver con su educación   pública. Aprendieron a pensar porque sus padres les “enseñaban” en casa en cada momento que no estaban confinados en un aula. La educación en el hogar es una estrategia ante la vida.

Creatividad  en comparación con conocimiento
De vez en cuando me encuentro con madres jóvenes que quieren comenzar la educación en el hogar pero están aterrorizadas por su propia incompetencia. Temen no recordar cómo hacer geometría o poder ayudar a sus hijos utilizando los libros escolares. ¿Y qué? Para eso son las hojas de respuestas. La educación en el hogar no se trata de saber las respuestas correctas; se trata de ENCONTRAR las respuestas. Leonardo da Vinci no era del tipo que sabía todas las respuestas correctas; era del tipo que cuestionaba las respuestas y buscaba otras nuevas. La creatividad es mucho más posible que el conocimiento. No tiene límites ni tiene fronteras.

La creatividad te llevará más allá del status quo; el conocimiento por sí solo ni siquiera te preparará para el salario por hora. ¿Qué es la creatividad en un sentido práctico? Hacer tu propio patrón para un vestido en lugar de comprar uno. Crear tu propia canción del ABC. Tomar un número de seis dígitos y codificarlo en un nuevo número tan rápido como puedas en tu mente. Inventar una rima o una canción, escribir una historia, crear una receta nueva, hacer preguntas sobre cualquier cosa que puedas imaginar y encontrar la respuesta de la manera que puedas. Cuando tenía ocho años, me enamoré  realmente de la lectura. Leía todo lo que podía conseguir y devoré lo mejor de tres bibliotecas.

Un día, mamá me preguntó con toda tranquilidad por qué no escribía mi propio libro. Me quedé estupefacta. ¿Cómo se me había escapado esa idea? Tenía ocho años, había leído mil libros y todavía no había pensado en escribir el mío. Me puse a trabajar inmediatamente. Por un tiempo produje unos dos “libros” al mes. Ahora solo produzco uno cada cuatro años pero sigo escribiendo. La creatividad estaba dentro de mí esperando surgir.

La prueba
Mi papá solía hacer gabinetes finos para ganarse la vida. Rara vez limpiaba su taller, por lo que el aserrín se amontonaba en hermosas montañas aromáticas por las que podíamos hacer un túnel. Un día, mientras jugábamos en el aserrín, decidí tallar un letrero (papá estaba grabando un letrero) para un concurso de un proyecto de educación en el hogar del que había oído hablar. En breve, todos nosotros nos dejamos llevar por la preparación para el concurso. Yo tenía un gran cartel de madera tallado a mano que decía “Educación en el hogar 1986”, un poema y un vestido hecho a mano para entrar. Gabriel tenía un dibujo de algo que había construido (no recuerdo qué) y un pastel de chocolate que había horneado.

Nathan tenía el alfabeto en  mantequilla de maní y un dibujo. Nos llevamos todas las cintas azules que había ese día y unos 200 descontentos alumnos nos vieron partir amontonados en nuestro destartalado autobús Volkswagen. Mamá no nos dejó participar en más concursos. Éramos demasiado creativos para ser socialmente aceptables.

Yo no podía entender por qué a los otros niños no les había ido mejor. Algunos de los niños con los que había hablado podían leer y escribir mucho mejor que yo. Pero no tenían una idea original en su mente. Una de las mejores cosas que mi mamá me enseñó fue cómo buscar en la biblioteca lo que yo quería saber. Mi esposo se sumó a eso y me mostró cómo buscar en el internet todo, desde mapas detallados de países extranjeros hasta recetas y consejos sobre el cultivo de aguacates. Recuerdo la emoción que se apoderó de mí cuando me di cuenta de que podía encontrar la respuesta a casi cualquier pregunta que tuviera y hacer prácticamente cualquier cosa que quisiera hacer si trabajaba lo suficiente. Dales esa emoción a tus hijos y habrás logrado educarlos en casa.