La naturaleza del hombre y de la mujer.

Nosotras las damas somos diferentes de nuestros maridos. Pero muchas veces, especialmente con el movimiento feminista, las mujeres queremos ser iguales o mejores que ellos. No podemos ser la mujer simplemente; queremos estar por encima de ellos… No queremos estar bajo nuestro marido. El problema es que los hombres y las mujeres son diferentes. Los hombres piensan de manera diferente y ciertamente se comportan diferentemente. De hecho hasta huelen diferente. Dios creó al hombre, creó a la mujer y nos hizo diferentes; es biología básica.

Los hombres hacen todo por instinto impulsado por la testosterona, es decir, adquieren camiones grandes o ven cuánta madera pueden cortar al mismo tiempo, etc.

La mitad del tiempo no entendemos por qué los hombres hacen lo que hacen. La razón por la que quieren lo más grande, lo mejor, lo más ruidoso y lo más áspero de todo es por ese gran instinto impulsado por la T. Dios los creó para tener dominio. Su testosterona hace que necesiten estar al mando. Y como dice Debi en el capítulo 11 de su libro Creada para ser su ayuda idónea, la gran T es la razón por la cual nos invitan a acompañarlos para impresionarnos al ver cuán fuertes y maravillosos son. Pero ya no sucede así y nuestros maridos trastabillan tratando de complacernos y encontrar el modo. El movimiento feminista nos contagió a algunas de nosotras. Sé que mi mentalidad fue dañada por ello y sé que muchas de ustedes no distinguen la línea en la que quieren probar que pueden hacer cualquier cosa que puede hacer el hombre y hasta mejor. Me criaron a la manera feminista y todavía soy la primera en batallar con ello. Esta fue mi lucha principal en mi matrimonio los años 10, 11, 12. Les digo que Dios nos creó hombre y mujer y si queremos un buen matrimonio, debemos permitir a nuestros maridos ser diferentes. La mayoría de las mujeres que tratan de hacer cualquier cosa que un hombre puede hacer, solo buscan atención. Esa era yo. Me criaron en una casa con una madre que era un comando del ejército. Eso es duro, ¿verdad? Es increíble que ella pudiera ir al paso de esos hombres. Esta chica dura es mi madrastra que me crió para ser fuerte. Pero vayamos unos años antes de que ella viniera a mi vida. Me criaron en un hogar con abuso doméstico y vi cómo golpeaban a mi madre biológica.

Miré cómo su marido la controlaba, la menospreciaba y la mantenía atemorizada; ella se comportaba como una víctima porque lo era.  Después de unos años de ver eso, me mudé con mi papá y su nueva esposa. Ella era lo opuesto a mi madre biológica. Esta dura madrastra comando del ejército me enseñó que no tenía que temerle al hombre ni depender de él. Después de haber sufrido abuso y ver a mi madre biológica ser maltratada, todo esto sonaba bien. Nunca más quería pasar por el infierno por el que había pasado. No necesitaba a un hombre. Así que pueden entender que cuando me casé, no vi a mi marido como mi protector. No vi al hombre a quien Dios creó, como mi protector. Vine al matrimonio con la actitud de “no voy a aceptar nada de nadie”. No confiaba en mi marido. Estaba satisfecha de poder manejar la vida con o sin él. Cuando emprendí mi propia jornada matrimonial, yo era el jefe. Yo llevaba los pantalones. No entendía ni confiaba en la autoridad dada por Dios a mi marido. Ambos fuimos salvos al principio de nuestro matrimonio y comenzamos nuestra jornada matrimonial como “salvos”. A veces pienso que las damas cristianas están más inclinadas a no confiar que las no creyentes. Estoy casada con un amable hombre Estable de voz suave. Pensé: “Toma demasiado tiempo para tomar decisiones y es muy pasivo. No ora con nosotros ni nos guía en estudio Bíblico”. Todas estas cosas pasaban por mi cabeza. No planeé deshonrarlo y si me hubieras preguntado: “¿Tú llevas los pantalones en tu matrimonio?” Yo hubiera contestado: “¡No! Porque yo sé mi función, sé que soy su ayuda idónea”, los hechos son más elocuentes que las palabras. Luego leí Creada para ser su ayuda idónea y reconocí que no honraba a mi marido. Pude ver claramente que tenía problema para confiar. Supe que tenía mis barreras bien puestas. Tuve que aprender realmente a confiarle a Dios mi vida y mi matrimonio. Se los digo señoras, sé que es difícil cuando creces donde hay hombres que te lastiman constantemente. Lo sé. Pero mi esposo nunca me ha lastimado y no merece que ponga esa carga en él. Y tuve que (y continúo) eligiendo no poner esa carga en él. Sé que muchas de nosotras hemos tenido que tomar consejería y cosas diferentes, pero el hombre con el que te casaste normalmente no es el que te lastimó. No proyectes esos problemas de confianza en él cuando él no es quien abusó de ti.
Aprender a confiar en mi marido fue el comienzo. Dejarlo guiar y que escuchara las siguientes palabras salir de mi boca le devolvió su hombría. “Te confío mi familia plenamente y al 100% con las decisiones que se deban tomar y con lo que creas que se deba hacer”. Es difícil admitir que no siempre tomamos las mejores decisiones. Y si estás casada con un Visionario (¡Que Dios te ayude – y lo hará!) ¡es difícil confiar en algunas de sus decisiones porque te preguntas si tan solo puede atarse sus propios zapatos! Lo entiendo, he visto esas situaciones. Si estás casada con un Sr. Estable como yo, te preocupa que tal vez nunca se decida o que sea indiferente. Simplemente te pone muy nerviosa. O si estás casada con ese Sr. Dominante, te preguntas si tan siquiera está pensando en ti. ¿Estás siquiera en su radar? Es cuestión de confianza. Aprender a confiar no va a ser fácil. Cuando escucho a damas cristianas decirme: “Dios no te va a dar nada que no puedas soportar”, pienso: Cariño, ¡sí lo hará! ¡O al menos pensarás que te ha dado más de lo que puedes soportar! Habrá situaciones que van a ser difíciles, situaciones que no sabrás cómo manejar, en las que estarás clamando a Jesús: “¿Cómo puedo soportar un día más? ¿Cómo puedo hacer esto una vez más?” ” Pero eso profundiza tu relación con Jesús. Los hombres se rigen por su mente y por lógica. Obviamente nosotras nos regimos por sentimientos y sensibilidades. “Oh, siento que…” Dios nos dio un lado sensible para criar y cuidar a los bebés y para besar sus heriditas. Las circunstancias de la vida nos han hecho duras a muchas de nosotras. Pero los hombres se sienten atraídos por las mujeres que los necesitan. Asegúrate de que necesites a tu marido porque te lo digo ahora mismo, si no lo haces, alguna otra chica lo hará. Y sucederá. Casi destruyó mi matrimonio, porque en esa etapa temprana cuando tuvimos bebés, ¡no necesitaba a mi marido! Yo trabajaba en un taller mecánico. Podía hacer todo. Pero ¿adivina qué? Mi marido necesitaba que yo lo necesitara. Había una linda chica con la que él trabajaba que sí lo necesitaba. Como quiera que haya sido, gracias Jesús que nos controlamos y que Dios nos pescó.

Pero solo te digo que está bien ser vulnerable y necesitar a tu marido. Así es como Dios diseñó el matrimonio. Algunas de nosotras luchamos con eso más que otras. Estoy casada con un hombre que ni siquiera quiere que cambie una bombilla. No estoy bromeando. Mi marido quiere ocuparse de todas y cada una de mis necesidades. En esta casa soy una princesa en un castillo.  Ahora bien, yo soy una Chica Mandona y no necesito esperar tres meses para que se cambie una bombilla. Tengo una escalera y puedo hacerlo yo misma. ¡Pero no! ¡Estoy convencida de que Dios tiene sentido del humor! Mi marido quiere arreglar ese grifo que gotea y que me está volviendo loca. Quiere cambiar esas bombillas para mí y quiere que yo espere. He tenido estos proyectos de la casa por dos años los cuales estoy casi segura de que hasta dormida los podría hacer. Los he visualizado en mi mente, ¡sé que puedo hacerlos! ¿Pero sabes qué? Él dijo que no. No quiere que yo use sus herramientas y no quiere que yo haga ese trabajo.

 

Él quiere hacerlo para mí. Y entonces, espero porque cuando lo haga, va a ser increíble, va a ser perfecto y me va a encantar. Ahora vamos a invertir la situación. En el caso de algunas de ustedes señoras, su marido quiere que agarre una sierra eléctrica y se plante junto a él a cortar leña y usar el martillo.  Si él está fuera y el baño empieza a gotear, te dice: “¿Por qué no lo arreglaste? ¿No lo puedes reemplazar? ¿Tienes los brazos rotos?” Míralo de esta manera: él quiere que seas capaz porque siendo el Sr. Dominante quiere saber que lo podrás hacer si algo le sucediera. Es el mismo protector, el mismo guía, pero con un estilo diferente.Quiere tu seguridad y que sepas que puedes funcionar sin él. Si tu marido quiere que aprendas y hagas todo, puedes hacerlo y aún así mostrar reverencia.

Todavía puedes tener esa actitud de ayuda idónea. Que no sea “tengo que hacer todo porque él quiere que lo haga”, sino que “él me está permitiendo hacer esto porque confía en mí”. Ahí está esa palabra CONFIANZA otra vez. Creo que la bomba de la verdad más grande del capítulo 11 es que las mujeres piensan que su marido no es espiritual. “Él no ora con nosotros, no va a la iglesia con nosotros, no está leyendo la Biblia a los niños, no me está enseñando, no está entregado a mí…” He dicho cada una de esas cosas y esas mismas te derribarán. Sé un estímulo para tu marido. No lo hagas sentir culpable, porque si lo haces, seguramente él nunca hará lo que deseas. Y eso fue lo que nos sucedió   a mi marido y a mí al principio. Lo hice sentir culpable por no hacer cosas “espirituales”, así que lo hice sentir como si no fuera capaz.  Fue contraproducente, así que ahora cuando veo a mi marido sentado a la mesa de la cocina leyendo la Biblia usando el plan de lectura en un año, mi corazón da un vuelco simplemente porque pienso: “Ese es un hombre de Dios”.

Es posible que nunca me diga nada de lo que leyó ni se lo diga a los niños, pero lo tiene escondido en su corazón. Deja de fastidiar a tu marido para que sea el líder espiritual de tu hogar. Quiero que de verdad pienses y adoptes esto. Pienso en mi bisabuela. Tengo una foto de ella en la cocina con su preciosidad de delantal puesto. Y ahí es donde pasó sus días, cocinando en la cocina. También trabajó en el campo algodonero y luego le entregaba el dinero a mi bisabuelo. Pienso en ella cuando pienso en Proverbios 31. Ella simplemente acogió su papel con los brazos abiertos al igual que generaciones y generaciones antes que ella. Vaya, Satanás ha entrado sigilosamente, corrompido y mentido a las mujeres de hoy día y como Eva, hemos sido engañadas. Nuestro matrimonio se derrumba a nuestro alrededor, estamos llenas de dolor, amargura y vergüenza y queremos culpar a nuestro marido. Ten cuidado de a quién estás escuchando, ya que podría ser como cuando la serpiente en el huerto.

Desconfía de quién influye en ti y ten cautela de quiénes son tus amigos. No vale la pena arriesgar tu matrimonio y no vale la pena arriesgar tu relación con el Señor. Lee Su Palabra y aprende cómo lidió con las personas a través de los siglos. Te ayudará a poner los pies en la tierra cuando hieran tus sentimientos. Nuestro marido quiere hacernos feliz porque es señal de su hombría. Muchas veces van en contra de su buen juicio solo para callarnos. Desean desesperadamente ser el hombre de Dios que nosotras deseamos. Desesperadamente quieren ser ese hombre del hogar. Tienen eso arraigado en ellos. Quieren que tengamos una buena imagen de ellos.  Cuando regrese a casa esta noche, mírale a la cara y dile: “Estoy muy orgullosa de ti y de cómo nos cuidas y nos amas”. Estoy orgullosa de ser tu mujer”. Creará confianza en él. Es tu papel. Recibe tu función como ayuda idónea con los brazos abiertos. Confía en Dios al ponerte en esa función. Confía en el liderazgo de tu marido. Señoras, estamos aprendiendo a apoyarnos en nuestro marido.