Una madre nos escribió esta carta. Es tan terriblemente típica que nos sentimos obligados a responderle claramente. Mientras lo lees, piensa en ti mismo como si fueras el consejero y anota tus propias respuestas.

¿Simpatizas con su situación? ¿Estás en circunstancias similares? ¿Qué le dirías que hiciera? Ella aborda el tema después de un párrafo de introducción halagadora.

“Ahora les expresaré las complicaciones que tengo en la crianza de mis tres hijos.
Alabo a nuestro Señor por un maravilloso hogar cristiano. Pero con las dificultades de cada día, las diferencias diversas entre mi esposo y yo parecen intensificarse con el delicado proceso de criar a nuestros tres hijos. Tienen 10 años, 6 y medio y 4. Como resultado de que mi esposo se convirtió en un verdadero y genuinamente cristiano después de los 36 años, ha mantenido un punto de vista un poco conflictivo y contradictorio específicamente en relación a una actitud más liberal en la formación y disciplina de nuestros hijos.
Obviamente, esto crea una gran dificultad para mantener un patrón de disciplina realmente consistente. Creo que los principios que Dios manda dictan la aplicación y refuerzo parental de la obediencia a Dios y a los padres.

Estoy interesada en su respuesta a un área específica de disputa. Mi esposo sostiene que una niña de 10 años está “ya muy grande” para darle nalgadas, pero yo no estoy de acuerdo. ¿Podrían aclarar esto de acuerdo a sus principios? Otra preocupación específica podría ser con respecto a las actitudes negativas de los niños al completar tareas domésticas o rutinas diarias. Por favor expongan su punto de vista sobre este tema. Muchas gracias por la instrucción piadosa que proporcionan.

Que Dios bendiga abundantemente a su ministerio así como a usted y su familia.

Sinceramente,
Madre muy conservadora de 3

Gracias por tu carta tan clara. Seré igualmente claro en mi respuesta. Has descrito tus problemas familiares desde la perspectiva de un solo lado, que es la forma en que usualmente escuchamos los detalles de un conflicto. Después de muchos años de orientación aprendí a no tomar en valor nominal la interpretación de un solo miembro de la controversia y con nada más que el contenido de una sola carta, es difícil estar seguro en mi interpretación de la situación, pero para responder, es necesario hacer algunas suposiciones.

Si hubiera solo 100 preguntas y 100 respuestas, podría relacionar la respuesta con la pregunta como tu pregunta sobre si es apropiado o no dar nalgadas a una niña de 10 años; no hay una respuesta correcta que cubra todas las circunstancias. Los padres generalmente dejan de dar nalgadas a las niñas a una edad más temprana que las madres. Quizás para él ya está muy grande pero para ti, tal vez una nalgada sea necesaria ocasionalmente. Difiere con el niño y la relación que tengas con él/ella. En condiciones normales si el entrenamiento comenzó temprano, una niña de diez años no necesitaría nalgadas. Será mejor que te des prisa porque es probable que estará muy grande para nalgadas cuando tenga doce años.

En cuanto a tu pregunta sobre la mala actitud de los niños frente a órdenes desagradables, nuevamente, no hay una sola respuesta que cubra todas las situaciones. No puedo decir que todos los niños con mala actitud deban recibir nalgadas hasta que sonrían, o recibir una doble tarea hasta que estén agradecidos, etc. Hemos ofrecido varias soluciones prácticas a este problema en nuestros libros No Greater Joy, Volúmenes uno y dos. Lo principal es nunca permitir que la actitud del niño controle tus expectativas a menos que sea para hacerte que exijas más.

Entiéndanme. En primer lugar, la familia es cuestión de relaciones, no técnicas y respuestas apropiadas. Si estuvieras manejando una institución correccional con presos, podrías explicar el castigo y la respuesta adecuada a una determinada infracción de las reglas y podrías mantener la disciplina y el orden al ser consistente. Pero nuestro objetivo en la crianza de los hijos es entrenar un alma en lo que Dios manda, no solo conseguir cumplimiento.

Desde la perspectiva del niño, el entrenamiento se instituye mejor a través de la imitación en lugar de la capitulación. Si perdemos el corazón del niño, hemos perdido la batalla antes de que siquiera sepamos cuáles son los problemas. La actitud de los padres, la madre en particular, es la fuente de la que fluyen todas las relaciones familiares; la madre es la moral de la familia. Por lo tanto, como consejeros, estaremos perdiendo el tiempo mientras que no abordemos las actitudes de los padres. Una técnica adecuada para una persona puede ser incorrecta para otra cuando se imparte con la actitud incorrecta. Una vara puede curar o destruir. Una reprimenda puede causar arrepentimiento o comunicar rechazo. Una advertencia puede volver el corazón del niño antes de que se salga de control o puede producir una rebelión. No existe una técnica o respuesta adecuada que pueda ocultar el corazón de un padre y producir fruto diferente de la raíz parental.

Para responder a tus preguntas y a las preguntas de cualquier padre donde conflicto es el problema, debo abordar la actitud del padre y debo hacer algunas suposiciones audaces. Estoy limitado a las generalizaciones, limitado a las muchas experiencias personales que he tenido al escuchar las preguntas formuladas y luego a profundizar hasta poder encontrar una solución. Es de gran ayuda mirar a los ojos y leer el lenguaje corporal, pero en este caso debo conocerte a través de tus palabras.

El contenido general de tu carta asume que tu esposo es el culpable de la falla en tu hogar.  Antes de comenzar a discutir los temas, dices las palabras correctas: “alabo a nuestro Señor por un maravilloso hogar cristiano” y por un “esposo verdadero y genuinamente cristiano”. Esas expresiones no son consistentes con lo que sigue porque en referencia a tu esposo hablas de, “las diferencias diversas entre mi esposo y yo parecen intensificarse” Él tiene “un punto de vista un poco conflictivo y contradictorio” con una actitud que es “más liberal” que la tuya. Tu marido crea una “gran dificultad”. Tienes “un área específica de disputa” con él. Tu esposo “sostiene” y tú dices “pero no estoy de acuerdo”. Si este es un “maravilloso hogar cristiano” no esperes ningún converso.

Debes entender que todos estamos poseídos por un deseo excesivo por controlar. Que uno esté tratando de controlar a los demás en el ámbito de la religión no santifica el deseo egoísta. Si el diablo se limitara a impartir un solo vicio, sospecho que elegiría un espíritu de control religioso. El deseo de dominar ha producido más mal en el mundo que cualquier otro factor. Los hogares son destruidos y los niños quedan marcados para toda la vida, no por malas técnicas de entrenamiento o por un miembro de la familia que es “demasiado liberal”, sino por dos personas que compiten por el control. Los niños pueden sobrevivir un poco de liberalidad. Pueden sobrevivir muy pocas o demasiadas nalgadas, pero el conflicto que surge entre dos padres que buscan controlarse entre sí, aun cuando busquen un bien mayor, crea una atmósfera cáustica que pudre las almas de los hijos.

Es un gran comienzo aceptar la realidad de que solo podemos controlar a una persona en el mundo: a nosotros mismos. Y el autocontrol es un desafío de por vida, manejado solo a través del Señor Jesucristo. Controlar a los demás es una dulzura evasiva reservada para el miembro de un culto violento y fascinante. Pero casi no hay un matrimonio que no esté sangrando por los intentos de controlar y de dominar. La madre hace un comentario mordaz del padre como lo has hecho en esta carta; el padre contraataca a la madre y los hijos sangran. Me piden medicamentos para que los niños dejen de sangrar, y cuando les digo a los padres que ellos son los que necesitan tomar el medicamento, están seguros de que estoy dirigiendo mi consejo a la otra pareja, a la que no cooperará.

Tu carta implica que no puede ser una buena esposa y madre y que no puedes entrenar a tus hijos porque tu esposo no coopera. Entiende esto. No puedes esperarte hasta que el mundo sea un buen lugar para llegar a ser buena. No puedes esperarte hasta que la iglesia sea revivida para experimentar tu propio avivamiento. Y no puedes esperarte hasta que tu cónyuge haga lo correcto para tú hacer lo correcto. Debes ser el tipo de persona que Dios requiere a pesar de la condición de tu cónyuge. Tu cónyuge está fuera de los límites de tu control. Acepta eso y avanza o detente aquí y mantente firme, lo cual cavará una tumba para tus hijos. Ya perdiste la batalla si haces que el cumplimiento de tu esposo sea una condición para el éxito de tu crianza de los niños. Los niños pueden sobrevivir la inconsistencia, pero nunca sobrevivirán la disensión y la tensión.

No estoy usando una hipérbole cuando digo que tus hijos estarían en mejores condiciones si fueras tan “liberal” como tu marido, que si creyeras exactamente como él, y que los dos estuvieran sincronizados alegremente en este nivel menos ideal de “cumplimiento”. Crecerían con hábitos desordenados, posiblemente un poco flojos, probablemente carecerían de un alto grado de autocontrol, pero estarían emocionalmente seguros. Se sentirían amados, valorados y, lo más importante de todo, no estarían amargados ni serían rebeldes como lo serían criados en un hogar lleno de conflicto entre los padres. Puedes ministrar vida a tus hijos brindándoles un ambiente que diga que estás absolutamente encantada con tu esposo, pero solo ministras muerte si sienten que estás en desacuerdo con él. Al rechazar a tu esposo, la máxima autoridad en el hogar, corroes el concepto mismo de lo que es la autoridad en la mente de tus hijos. Independientemente de tus palabras, los estás entrenando en rebelión.

Este concepto es el principio del entrenamiento más importante que puedo darte y es la necesidad más común. Me recuerda una experiencia que tuve cuando tenía unos diez años. Mis padres nos dejaron a mi hermano de ocho años y a mí en casa. Nos ordenaron lavar los platos y después podríamos dividir un pastel de chocolate entero entre los dos. Me encantaba el pastel de chocolate. Poder dividir un pastel entero en dos partes iguales y comer la mitad yo solo era una alegría indescriptible.  Mientras lavábamos los platos comenzamos a discutir quién iba a cortar el pastel. Ninguno de los dos confiábamos que el otro sería justo al dividirlo. Yo era dos años mayor y obviamente estaba más calificado para hacer cumplir mi voluntad ampliamente experimentada. Pero mi hermano estaba igualmente determinado a asegurarse de que hiciera lo justo. Cuando guardamos el último plato, los dos corrimos a la mesa y jalé el pastel para cortarlo. Él lo jaló hacia él. Luchamos hasta que el pastel cayó boca abajo en el piso sucio de la cocina. Todavía puedo sentir la sensación de pérdida total al ver ese hermoso pastel de chocolate regado por todo el piso y el gato lamiendo a su alrededor. Fue una pérdida total. Por supuesto que fue culpa de mi hermano por no valorar mi decisión. Pero él pensó que fue mi culpa por imponer mi voluntad. Cuando nuestros padres llegaron a casa y escucharon nuestras quejas solo se rieron, diciendo algo como “esperamos hayan aprendido la lección”. Estoy seguro de que mi hermano no aprendió.   Eso fue hace 63 años y todavía no se ha arrepentido. Oh, bueno, él simplemente no confió en mi buen juicio.

Mi historia ligeramente adornada es ciertamente divertida hoy; de vez en cuando nos juntamos y nos reímos de ese día. Pero espero que hayas podido interpretar mi corto cuento. Los padres que luchan por cómo criar a los niños terminan regando todo el pastel. Sería mejor resignarte a comer el pequeño pedazo de pastel sin importar el costo para tu orgullo, que exigir tus derechos y acabar mirando el desastre. ¿Culparlo es tan dulce que arriesgarías todo el pastel solo para ver que él no se salga con la suya? Dices: “Pero es diferente, estoy luchando por el derecho a que mis hijos coman pastel”. Un pedazo grande de pastel comido con tensión puede causar vómito o indigestión. Un pedacito comido en paz y con agradecimiento es la gran vida.

A menudo he dicho: “Si encuentras que tus expectativas de tu cónyuge o tus hijos son tan altas que estás enojada con ellos por no cumplirlas, es mucho mejor bajar tus expectativas al umbral de tus sonrisas que fruncirles el ceño desde tu alto pedestal”. No te estamos pidiendo que pongas en riesgo la verdad, sino que renuncies a ser policía de esa verdad. No te pedimos que dejes de lado tus convicciones, sino que dejes de lado la convicción de que tienes el deber de pasarle esas convicciones a tu esposo y que él deba estar obligado a seguir tu liderazgo. La verdad, el amor, la disciplina, la justicia, la alegría y la obediencia no están bien respaldados por la crítica, la culpa, la ira y la acusación.

No eres responsable de las acciones de tu marido. Si él es realmente menos capaz que tú, demuestra tu experiencia y entrena a tus hijos de tal manera que nunca sospechen que hay conflicto entre los dos. Es posible que sepan que eres más fuerte y absolutamente consistente, pero supondrán que eso es   normal. “Papá y mamá se aman profundamente. Papá nos permite salirnos con la nuestra más que mamá, pero sabemos que cuando él no está alrededor, es mejor que caminemos derecho”.

Mamá, tú pasas mucho más tiempo con tus pequeños que él. En la mayoría de los hogares, la madre es responsable de más del 80% del entrenamiento y el padre de menos del 20%. Si haces bien tu trabajo, él no podrá desbaratarlo en la noche, a menos que tú causes tal tensión que haga que los niños pierdan el respeto por ambos y por la autoridad en general. En cuyo caso, se rebelarán contra ti sabiendo que están trabajando en dos lados opuestos. Cuando saben que los padres no están de perfecto acuerdo ni presentan un frente unificado, en la mente de los niños queda un vacío de autoridad y los niños intervendrán para llenarlo. Mamá, tú eres la única que puede comunicar el concepto de que hay autoridad dividida. Los niños nunca interpretarán las diferencias entre el padre liberal y la madre estricta como un frente dividido a menos que lo comuniques a través de un desafío abierto en su presencia o mediante la falta de respeto que muestres cuando tu marido no esté presente.

Sé lo que estás pensando: “Pero no puedo simplemente renunciar y abandonar a mis hijos a lo que sé que va a ser un muy mal entrenamiento. Son demasiado importantes para permitir que mi esposo los malcríe”. Todavía estás asumiendo que puedes pelear una batalla con tu esposo y cambiarlo. Todavía estás convencida de que si simplemente presionas más fuerte y exiges más, con el tiempo él verá su error y te seguirá por tu mayor sensatez. Sí, y si sucede, será la primera vez en la historia del mundo que un esposo se incline ante la presión de su esposa y que madure como resultado. Ningún hombre ha salido de debajo de la humillación impuesta por la esposa para convertirse en un mejor hombre. Tal es la ilusión de un espíritu controlador. No estoy elogiando el ego masculino; estoy expresando la realidad. Síguelo y prospera o resístelo y muere con la satisfacción de que tu marido fue quien destruyó a tu familia y que tú te mantuviste firme en tus principios.

Si los padres le niegan afecto a un niño con la condición de que se haga merecedor, el niño nunca buscará el afecto de sus padres y con el tiempo llegará a resentirlo y lo rechazará si ellos tratan de brindárselo. Del mismo modo, si un esposo le niega el amor a su esposa con la condición de que lo honre, ella lo deshonrará con el celo de un fanático y deliberadamente le señalará a su esposo aquéllos a quienes ella honra solo para mostrarle de lo que se está perdiendo. Y así también si la esposa le niega honor a su esposo con la condición de que se convierta en alguien honorable, puede ser que él llegue a ser honorable ante los demás, pero nunca será honorable ante ella. Si no tienes en cuenta la psicología inversa de una raza caída y pervertida, estás construyendo sobre imaginaciones fantasiosas.