Ayer leí un artículo que debería ser obligatorio leer para todos los padres.

Fue escrito por Sloane (no es su nombre real), una madre joven que trabaja con una organización llamada Bark, cuyo único propósito es proteger a los niños de los depredadores en línea. Su historia es escalofriante.

En el artículo relata un día típico en su trabajo en Bark. Comienzan con una foto de Sloane vistiendo ropa que usaría una pre-adolescente y esmalte de uñas brillante y el busto vendado para hacerla ver como una jovencita.

Los miembros del equipo usan la manipulación de fotos para convertirla en una alegre e inocente niña de 11 años a la que llaman Bailey, quien a esa edad, debería estar jugando a las muñecas y a las comiditas.

Sloane usa un iPhone con un televisor de pantalla grande para que todo el equipo pueda seguirla. Una cámara de video lo graba todo porque la mínima evidencia es valiosa para la policía.

El equipo crea cuentas de jóvenes ficticias para mostrar a los padres cuán generalizado está el problema de la depredación en línea.

Esta noche, Sloane es Bailey de 11 años quien sube una “selfie” a Instagram y escribe un subtítulo que dice que está emocionada porque va a ver a sus amigas esa noche. Después de esto Sloan espera.

Sloane escribe: “Esta parte nunca toma mucho tiempo. Siempre es perturbadoramente rápido… en la primera noche como Bailey llegaron dos mensajes menos de un minuto después de publicar la foto… los números aparecieron en la pantalla: 2, 3, 7, 15 mensajes de hombres adultos en el transcurso de dos horas. La mitad de ellos podrían ser acusados ​​de transferir contenido obsceno a una menor”.

Luego describe con detalles horriblemente gráficos las conversaciones que estos hombres tienen con quien creen que es una jovencita.

¿Estás escuchando, mamá? ¿Estás prestando atención, papá? En solo dos horas de subir una foto inocente en Instagram, asquerosos y perversos degenerados le envían a tu niña inocente fotos pornográficas de sí mismos y le piden que participe en actividades demasiado horribles de imaginar.

¿Dónde estás mientras sucede todo esto? ¿Manejando mientras ella está en el asiento trasero y le contaminan la mente para siempre con la inmundicia del mundo?

¿Estás mirando televisión en la sala mientras ella se acuesta en la cama a disfrutar de un poco de tiempo en las redes sociales con sus “amigas”?

No es una diversión inocente o inofensiva. Eres tú parado en la puerta de la mente y el corazón de tu hija  invitando activamente al diablo.

No es suficiente poner un filtro al Internet en tu hogar. Tus hijos tienen acceso a la red donde quiera que vayan. Sus amigos tienen teléfonos celulares con Internet sin filtro. A algunas niñas las “preparan” a través de sus cuentas de correo electrónico de la escuela.

Y está generalizado: redes sociales, Fortnite y Minecraft, TikTok y aplicaciones de chat. Los niños pequeños son blanco mientras miran videos de My Little Pony en YouTube y juegan juegos diseñados para niños muy pequeños.

Literalmente, cada vez que tu hijo está en el Internet, él o ella es una víctima potencial.

El año pasado, en una operación encubierta en la costa de Jersey en la que se hicieron pasar por niños en línea, las autoridades arrestaron a 24 depredadores en la primera semana solamente. 17 en otro condado y 19 en otro.

Los arrestados provenían de todas las clases sociales: “un policía, un maestro, un ministro, un enfermero, un gerente de banco, un mecánico, un mesero, un higienista dental, un estudiante de universidad…” No hay un perfil de “depredador típico”.

Un fiscal general del estado dijo: “Casi todos los juegos tienen un chateo, por lo que controlar es difícil para los padres aunque estén al pendiente”. ¿Escucharon bien? No pueden mantenerse al corriente de todo.

¿Te sientes desconfiado? ¿Paranoico? Tienes razón en estarlo. No eres rival para el ámbito del diablo. Así es que, ¿qué debe hacer un padre en esta era de alta tecnología?

Decir no. No, no puedes tener un teléfono celular, una tableta o una computadora propia. No, no puedes tener una cuenta de correo electrónico de la escuela (todos los correos electrónicos necesarios se pueden enviar a los padres). No, no dormirás en la casa de tu amiga. No, tu amiga no puede traer su teléfono celular aquí. No, no viajarás en el autobús a la escuela.

¿Será eso suficiente? ¿Estará protegida si solo hacemos escuela e iglesia en casa y no le permitimos tener un teléfono celular?

Tristemente no. Gran parte de la vida en el siglo XXI está impulsada tecnológicamente y se está volviendo exponencialmente más cada día. Con el tiempo los niños saldrán de casa para ir al trabajo o a la escuela. No es suficiente protegerlos de los peligros que existen; debemos enseñarles a cuidar sus propios corazones.

Entrénalos a ser guardianes vigilantes de sus propias mentes para que cuando aparezca el primer destello de tentación, estén tan bien entrenados que  huyan instintivamente.

Debemos protegerlos por dentro, como escribió Mike en este artículo hace 18 años.

La crianza de los hijos en 2020 es mucho más aterradora que cuando mis hijos eran pequeños en la década de 1980. Los peligros son más dominantes que nunca, pero el libro de Eclesiastés ya lo dice, “y nada hay nuevo bajo el sol”.

El diablo que quería a mis hijos en 1980 aun quiere a los tuyos hoy; solo se mantiene al día con la tecnología mucho mejor que tú.