El niño acepta la definición de sí mismo que le imponen quienes lo cuidan. No tiene otra forma de saber quién es. Los niños ven su propio reflejo en los ojos de los demás. No hay nada más que influya en la autoimagen de un niño que los ojos de quienes lo cuidan.

Los niños se miran a sí mismos a través de los ojos de aquellos a quienes respetan, temen u honran. Los compañeros de la misma edad no tienen un gran efecto formativo sobre ellos, pero las personas mayores sí marcan la diferencia. Se miran en el espejo de ojos que los aman o los juzgan, que los culpan o los aprecian, o que muestran deleite. El niño en desarrollo luego dice: “Así que eso es lo que soy”. No sucede todo al mismo tiempo. A medida que su autoconciencia se desarrolla lentamente se atribuyen valor a sí mismos con cada encuentro, cada toque, cada palabra, cada mirada que intercambian.

Sus primeras experiencias de identidad propia son las más poderosas antes de los cuatro o cinco años. Después de los cinco años todo refuerza esa imagen temprana o compite con ella. La primera imagen generalmente domina el resto de su vida.

Las palabras son poderosas y con el tiempo se convierten en la influencia más dominante. Las palabras reforzadas con ojos fríos u ojos cálidos, ojos críticos u ojos alentadores refuerzan poderosamente la autodefinición del niño.

Veo a los niños que salen de los hogares y las escuelas públicas de nuestro país, sus vidas predeterminadas por su propia imagen. Ya sea que tengan dieciocho años y sean geniales, veintiocho años y estén divorciados, o treinta y ocho en bancarrota y recibiendo beneficios sociales, que votan como demócratas con la esperanza de salir adelante en la vida algún día, tal vez ganar la lotería o consumiendo drogas; todos están controlados por la creencia de que no servirán para nada, que están en desventaja, o que son tontos e indefensos, incapaces de hacer nada al respecto. Así que solo pasan el tiempo, miran televisión, comen comida chatarra y sueñan cada vez menos hasta que ya no sueñan más.

Cuando hablo con ellos descubro un muro impenetrable de limitaciones puestas en ellos. Fueron derrotados cuando tenían cinco años. Sin saberlo, los padres y las escuelas públicas impartieron esa imagen negativa de sí mismos hasta que se convirtió en un hecho respaldado por la evidencia. Los políticos aprovechan esa mentalidad y la cultivan para aumentar su bloque de votantes.

He visitado prisiones y hogares de niños delincuentes más de mil quinientas veces en mi vida. He ministrado en refugios para personas sin hogar y en misiones de rescate muchas veces más. He hablado con miles de personas en las calles y he descubierto que aun cuando uno de ellos “nace de nuevo” y disfruta de la gracia de Dios, la barrera más formidable que deben superar es esa autoimagen por la cual han llegado a definirse a sí mismos. Los arrastra hacia abajo y los regresa a la mediocridad como pies que intentan correr en el lodo apestoso.

Cuando debo aconsejar a un hombre de 45 años recién salido de prisión que toma medicamentos recetados para el trastorno bipolar, que su ex esposa e hijos no son más que fotos de 15 años que nunca se actualizarán y él me “explica” por qué no puede conservar un trabajo o por qué “es como es”, quisiera regresar el tiempo y relacionarme con él como cuando tenía dos o tres años de edad. Podría “arreglarlo” entonces, pero no ahora. No soy tan influyente.

Pienso que puedo; pienso que puedo; pienso que puedo.

Es frustrante confrontar a estas almas tambaleantes y tratar de ofrecer consejos. La única diferencia entre el hombre feliz que tiene éxito y el hombre miserable que falla es la actitud y la perspectiva.

Cuando mis niños eran pequeños, les encantaba que les leyera el libro infantil sobre una pequeña locomotora que cuando se enfrentaba a una pendiente pronunciada con una carga pesada decía: “Pienso que puedo; pienso que puedo” y continuaba intentando con todas sus fuerzas hasta que triunfaba finalmente. Los niños dotados de una actitud de “Pienso que puedo” soñarán y triunfarán. Los niños dotados de una actitud de “No puedes hacer nada bien” no lo harán.

La afirmación positiva es efectiva cuando es parte de una participación positiva. El mundo lo sabe, por lo que inventaron la “afirmación positiva” intentando compensar todas las realidades negativas de la vida en el hogar y las escuelas públicas. La afirmación positiva solo es positiva cuando crea éxito o se da en respuesta al éxito. Las palabras vacías sin fundamento, de hecho dañan la autoimagen del niño. Cuando alguien no intenta y se le alaba como si lo hiciera, en la mente del niño las palabras de elogio se convierten en crítica porque saben que no las merece y por lo tanto, se siente aun menos merecedor.

La afirmación positiva es efectiva cuando es parte de una participación real.

El esfuerzo sincero es digno de elogio, pero solo si va acompañado de algo que se desempeño y se alcanzó un nivel más alto.
El elogio es grato cuando se ofrece por un éxito ya logrado, pero el logro es la base de una buena auto-imagen, no el elogio. Si tomas la mano del niño y lo guías a alcanzar sus propios objetivos personales, entonces estás forjando una
vida de confianza en él. Por otro lado, si tú estableces las metas y el niño no las adopta como propias, entonces su fracaso provocará tus críticas y disminuirá su autoestima.
Se le debiera permitir al niño la libertad de experimentar con diferentes objetivos personales y enfocarse con más pasión en los que disfruta y dejar de lado aquellos que le parecen demasiado lejos de su alcance. Fomenta lo positivo que elija y no denigres ni minimices sus intereses constructivos con la esperanza de que adopte tus disciplinas más académicas o culturales.

El nuevo libro de Debi The BIG Book of Homeschooling [El GRAN libro de educación en el hogar] (disponible solo en inglés) cuenta la maravillosa historia de una niña infeliz que no le interesaba la escuela y que comenzó a florecer cuando su madre le permitió perseguir su sueño de trabajar con caballos.

Aquí está el meollo de mi preocupación: las escuelas públicas o las escuelas en el hogar que presionan a los niños a alcanzar objetivos que no son de su interés y donde no se desempeñan bien resultará en fracaso e inculcarán la creencia en los niños de que no lo pueden lograr en lugar de inculcar la creencia de que sí lo pueden lograr. No puedo enfatizar este punto lo suficiente.

“El que tiene oídos para oír, oiga”.

La educación en el hogar no es una solución automática. Evitar los aspectos negativos del aula (ya sea la escuela públicas, privada o cristiana) es solo la mitad de la batalla.
La escuela en casa no es mejor que los ojos que la guían, ni mejor que la voz que habla durante todo el día.

Nuestro objetivo es transmitir nuestra cultura a nuestros hijos. En nuestra cultura incluyo nuestra fe en Dios, nuestra confianza en las palabras inspiradas de Dios preservadas para nosotros en nuestro idioma, nuestra creencia en la Creación, en lo sagrado de la vida, en la permanencia del matrimonio, nuestra lealtad hacia nuestra Constitución, nuestra relación con la comunidad y la iglesia, nuestros puntos de vista de lo que dice Dios sobre el sexo, la modestia, el entrenamiento de los niños, nuestra ética de trabajo, nuestra dedicación a la integridad en el hogar y en el lugar de empleo; en resumen, nuestros puntos de vista sobre Dios, el mundo, la carne y el demonio. Habremos fallado en la vida si fallamos en inculcar efectivamente estas verdades eternas a nuestros hijos.

Si todavía estás criando niños, especialmente niños pequeños, estás viajando a los días cuando sus almas fueron marcadas y rotas. Ahora tienes la maravillosa oportunidad de guiar a tu hijo para evitarle recibir heridas que algún día lo pondrán frente a un consejero frustrado que deseará poder regresar el tiempo y hacer las cosas que hubieran impedido el desarrollo de un alma fracturada, alguien que se define a sí mismo como un fracaso sin valor, porque lo es… o lo será. Aprovecha al máximo esta oportunidad. Nunca se volverá a presentar. Estás moldeando arcilla para la eternidad. “Y para estas cosas, ¿quién es suficiente?”

Estás moldeando arcilla para la eternidad.

Cuando venimos a Cristo y le creemos nos convertimos en nuevas criaturas. “ De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”. (2 Corintios 5:17). Nuestro nacimiento nos define con exactitud como caídos con Adán. El mundo nos define como débiles e ineficaces. Eso puede ser cierto o puede no serlo. Nuestro nuevo nacimiento nos define como resucitados con Cristo, o sea superando todas las cosas. No tienes que aceptar la definición sobre ti que te dieron tus padres y la sociedad. La definición que aceptes es tu elección, pero hay una forma sobrenatural de derribar el muro de la duda y el fracaso. Mientras tanto, escucha mi serie Sin No More y Romanos disponible en línea (solo en inglés). Romanos está disponible GRATIS en línea en http://ngj.me/romans-free