El Dr. Benjamin Spock publicó su libro El libro del sentido común del cuidado de bebés y niños  en el año 1946. Cuando falleció en 1998, se habían vendido más de 50 millones de copias y fue traducido a 39 idiomas. Según el New York Times, este libro fue el segundo más vendido durante sus primeros 52 años precedido solo por la Biblia. En 1989, preocupado “por las cifras altísimas y crecientes de asesinatos dentro de la familia, el abuso hacia la esposa y el abuso infantil en los Estados Unidos”, el Dr. Benjamin Spock concluyó que “el castigo físico ciertamente juega un papel en nuestra aceptación de la violencia. La repugnancia hacia el castigo físico de los niños sería un buen lugar para comenzar si alguna día hemos de volvernos hacia una sociedad más amable y hacia un mundo más seguro”.

En su libro Cuidado de bebés y niños, 1998, dijo:” La tradición estadounidense de las nalgadas pueden ser una de las razones por las que hay mucha más violencia en nuestro país comparado con cualquier otra nación”. Algunos dirán que el Dr. Spock se convirtió en una palabra familiar, en la autoridad sobre la crianza de los hijos. Podría decirse que es el padre de la crianza moderna y progresista de los niños. Influyó en toda una generación de académicos y sus opiniones fueron citadas en libros de texto y publicaciones periódicas. Cuando el Dr. Spock dijo “La tradición estadounidense de las nalgadas puede ser una de las razones por las que hay mucha más violencia en nuestro país…” invitó a una horda de académicos a probar su suposición y emergieron con vigor citándose unos a otros, y de hecho, afirmando sus experiencias anecdóticas. Pero la mayoría de los padres en los Estados Unidos, aunque escucharon el nombre de Spock, no supieron nada de sus puntos de vista y continuaron criando a sus hijos de la manera tradicional como lo habían hecho sus padres. El movimiento creciente entre los izquierdistas para denigrar la disciplina corporal a la cual llamaron “castigo corporal” tuvo poca influencia en los padres de América hace veintidós años cuando escribimos el libro Para entrenar a un niño. La mayoría desconocía el asalto académico y profesional a su crianza tradicional.

Hemos visto un cambio significativo en las últimas dos décadas. Junto con los medios de comunicación cómplices, las universidades y publicaciones periódicas profesionales han inundado a los padres con la afirmación indocumentada de que “estudios confirman que golpear a los niños hace que crezcan violentos, inadaptados y emocionalmente enfermos”, o sea,  todos los rasgos negativos que hoy vemos multiplicarse en los niños de las escuelas públicas.

Podríamos estar de acuerdo con ellos si usaran la palabra golpear en su connotación normal, pero cuando dicen golpear quieren decir todas y cada una de las formas de disciplina corporal incluyendo hasta cuando la madre le pega en la mano al niño. Los oponentes no hacen distinción entre nalgadas mesuradas y compasivas y psicópatas tiranos golpeando a cachetadas. En la búsqueda de mentes y corazones, los activistas se han apoderado del lenguaje; nosotros decimos nalgada y ellos dicen golpe. Nosotros decimos disciplinar con una tabla y ellos dicen dar una paliza. Nosotros decimos disciplinar y ellos dicen castigar. Eligen usar lenguaje inflamatorio diseñado para proyectar violencia en el método de la crianza clásica y excluyen a cualquiera que hable en defensa. Provocan que los padres oculten su método de crianza tradicional como si fuera algo de qué avergonzarse. Al final, nuestro silencio entregará la crianza bíblica establecida desde hace mucho tiempo a las voces quejumbrosas de los ideólogos de izquierda.

Es comprensible que en nuestra época los padres se escondan en sus agujeros como topos bajo la mira telescópica de los cazadores de alimañas listos para disparar a la cabeza de cualquiera que se atreva a aparecer. Los cazadores de la letal disciplina corporal ahora dominan el campo y se han encargado de que solo sus voces sean las que se escuchen. Para que les crean, parece que todo lo que se necesita es un título antes del nombre y una aseveración firme de que “los estudios confirman”. Los “estudios” generalmente no tienen nombre y el público no se atreve a cuestionar la opinión de un experto. Entonces, durante las últimas décadas, la tendencia en los Estados Unidos ha sido abandonar la “disciplina corporal” (nalgadas) en favor del uso mayor de métodos de disciplina alternativa como consecuencias, tiempo fuera o suspensión de privilegios. A medida que los portavoces de la paternidad permisiva ven que la marea de la opinión pública se está volviendo a su favor, han entrado en un frenesí alimentario, devorando la tradición y el sentido común y están produciendo niños drogados que se cortan a sí mismos, que se matan unos a otros y que se suicidan.

A medida que la disciplina colapsa, las escuelas se han convertido en campos de batalla causando que uno de cada cinco maestros sufra agresión física en sus aulas cada año. Eso quiere decir 666,000 maestros agredidos por estudiantes que creen que no están regidos por límites. Y sorprendentemente, después de crear el problema, los expertos ahora señalan los resultados como evidencia de que necesitan despojar aún más a los padres de las herramientas que una vez produjeron generaciones de adultos jóvenes responsables que, en general, actuaron responsablemente y ejercitaron autocontrol.

Según el Health Day News, “el siete por ciento de los alumnos estadounidenses están tomando al menos un medicamento para dificultades emocionales o de comportamiento”. Es decir, más de 3.5 millones de niños están siendo drogados para que se comporten aceptablemente porque los padres y los maestros de la escuela de hoy día han perdido la esperanza de poder inculcar disciplina. ¿Cómo podrían hacerlo sin  herramientas?

Cuando yo estuve en la escuela en los años 50 y principios de los 60, drogar a un niño era desconocido. Todos los estudiantes cumplían en silencio sin uso de drogas. Cada maestro tenía un “Comité educativo”: una tabla puesta prominentemente sobre el escritorio y el director patrullaba los pasillos con una tabla de roble de dos pies de largo. Solamente experimenté la tabla dos veces durante mis 12 años y me mantuvo totalmente obediente. La escuela tomaba en serio las reglas, así que yo también lo tenía que hacer. Hoy en día los maestros no tienen más poder sobre sus alumnos que los letreros de las calles. John Dewey y el Dr. Spock nunca se imaginaron a dónde conducirían sus filosofías progresistas. Estoy seguro de que pensaron que su filosofía produciría un mundo mejor. Tristemente estuvieron equivocados.

Aunque al menos el 80% de los padres admiten usar alguna forma de “corrección física” con sus hijos, la mayoría han sido influenciados por la propaganda contra las nalgadas de tal forma que la mayoría ha dejado de usar la disciplina física de manera preventiva y consistente y lo hacen solamente cuando se ven forzados por la ira, que es mucho peor que no dar nalgadas en absoluto. Es mucho peor porque cuando los padres usan una filosofía premeditada, no alcanzan un nivel peligroso de frustración ni estallan en disciplina física como lo hacen los padres que están tratando de no dar nalgadas. Por lo tanto, la campaña ha cobrado un precio mayor que el 80% sugerido. Si las familias de los Estados Unidos son un grupo de estudio, sesenta años han demostrado que a medida que los padres se alejan de la crianza tradicional y las escuelas dan paso a la libertad de expresión y la disciplina no coercitiva, cosechamos una cosecha cada vez más fea en la juventud de Estados Unidos. Aun con su experimento fallido, el movimiento político de prohibir las nalgadas está ganando impulso. Llegará un momento en los Estados Unidos de América en el que será un delito utilizar cualquier disciplina física en los hijos. No se trata de si sucederá, sino cuándo. Un escritor preguntó recientemente: “¿Cuál debate de las nalgadas? Solo hay un lado. ¿Dónde están los defensores de las nalgadas? No hay ninguno, ni puede haber ante la evidencia abrumadora”.

Los involucrados en este movimiento están abrumados con sus propios egos y su agenda progresista que emana de una ideología de izquierda: la madre tierra, el aborto a pedido, la libertad sexual, la evolución, el calentamiento global, la distribución de la riqueza, la supresión de la religión cristiana y el hermano mayor que asume la responsabilidad de criar a todos los niños. Los estudios realizados con controles científicos reales no confirman la agenda anti nalgadas,  sino todo lo contrario como lo veremos enseguida.

Estudios anti-nalgadas

Los detractores están equivocados en afirmar que “todos los estudios confirman…” Cuando hacen referencia a un estudio, lo toman de un grupo selecto de jóvenes con problemas, violencia o trastornos emocionales que terminaron encarcelados o como parte de un programa de tratamiento. Dado que a la mayoría de los niños se les ha nalgueado, la mayoría de los jóvenes con problemas habrán recibido nalgadas y algunos de ellos habrán sido maltratados físicamente: habrán sido golpeados, habrán recibido palizas o habrán sido castigados severamente. En este caso estaríamos totalmente de acuerdo con los expertos en que los niños que fueron realmente maltratados físicamente tienen más probabilidades de convertirse en delincuentes o con problemas emocionales. Claro que los consejeros descubrieron que una gran cantidad de jóvenes antisociales sufrieron abuso ​​físico. Pero sus estudios no logran hacer distinción entre las nalgadas medidas administradas por padres responsables  y el abuso físico y violento.

Si hicieran un estudio de 1,000 niños cristianos educados en el hogar que son nalgueados, se cansarían en la búsqueda de casos de abuso y se sorprenderían grandemente, y dado que no encaja con su filosofía, se decepcionarían con el fruto consistentemente hermoso.

El doctor Ralph S. Welsh ofrece el ejemplo perfecto de la metodología empleada para apoyar la agenda contra las nalgadas. Pongan atención a la composición de su “grupo de estudio”.

Crime & Delinquency (Crimen y Delincuencia) 1978, pp. 336-354: “Al principio de mi carrera clínica me alarmó descubrir el número desmesurado de delincuentes juveniles que habían estado expuestos a un tratamiento parental duro durante sus años de desarrollo. Me tomé el tiempo para interrogar a mis pacientes delincuentes y sus padres cuidadosamente y para tabular la información sobre las prácticas de castigo de los padres”. Dice en otro lugar: “Un estudio extenso ayudó a convencerme de que sin duda el castigo corporal no se podía considerar como una tradición estadounidense inofensiva que se pudiera tolerar y apoyar. Este estudio involucró setenta y siete casos consecutivos referidos por tribunales juveniles, cincuenta y ocho niños y diecinueve niñas”. Notarán que los “estudios” son tomados de “delincuentes juveniles” y “casos referidos por tribunales juveniles”. Es absolutamente no científico el muestreo basado en síntomas que comienza con un grupo seleccionado asociado con problemas de conducta dados que se analiza de atrás hacia delante para determinar la causa. Saben que eso no se hace, pero están desesperados por encontrar un vínculo que cause algo a lo que se oponen filosóficamente.

Jason Fuller dice en su libro Corporal Punishment  and Child Development, (Castigo corporal y desarrollo infantil), página 20: “Los expertos metodólogos han descubierto que los estudios contra las nalgadas a menudo están estructurados para apoyar la filosofía personal del investigador en lugar de estructurarse para analizar los resultados de la disciplina física de manera justa”. Puedo entender la frustración de los consejeros que deben lidiar con niños rotos todos los días. Cualquiera estaría desesperado por culpar, pero la predisposición izquierdista de su formación académica y la influencia mal dirigida los deja con visión de túnel. Sus conclusiones no están justificadas científicamente. Sus opiniones están motivadas emocionalmente. Por entendible que sea, es inexcusable por el daño que causa a los niños que no recibirán el tipo de crianza tradicional basado en autocontrol, responsabilidad y acción responsable.

Encuesta en una prisión estatal

Yo realicé una encuesta en una capilla de la prisión estatal con 35 presos. Les pregunté: “¿Cuántos de ustedes recibieron algún tipo de disciplina física cuando eran niños?” Todos menos uno respondieron afirmativamente. En ese momento, la persona en contra de las nalgadas podría decir que la encuesta demuestra que “golpear a los niños” dará lugar a actividades delincuentes: 35 de 36 fueron nalgueados. Pero luego pregunté cuántos creían que las nalgadas que recibieron fueron administradas merecidamente. Veintiocho respondieron que las nalgadas que recibieron fueron administradas de manera justa y apropiada. Seis dijeron que también les habían dado “palizas”, pero trece dijeron que no les habían dado suficientes nalgadas. Cuando pregunté cuántos creían que las “palizas o las nalgadas” que recibieron jugaron algún papel en sus crímenes, ninguno levantó la mano. Dado que más del 80% de los padres nalguean, se puede esperar que el 80% de todos los delincuentes juveniles habrán recibieron nalgadas. Sin embargo la relación no prueba causa, ni siquiera asociación.

Estudios científicos

Marjorie Gunnoe, psicóloga del desarrollo en el Calvin College en Grand Rapids, Michigan, quien no está a favor de las nalgadas, pero quien es una investigadora de mente abierta cuestionó a 2,600 personas acerca de ser golpeadas. Una cuarta parte de ellas nunca fueron disciplinadas físicamente. Las respuestas de las participantes fueron comparadas con su comportamiento como el éxito académico, el optimismo sobre el futuro, el comportamiento antisocial, la violencia y los episodios de depresión. Según la investigación, los niños de hasta 6 años de edad que recibieron nalgadas, como adolescentes estaban más propensos a  desempeñarse mejor en la escuela y  a involucrarse en actividades voluntarias y querer asistir a la universidad que sus compañeros que nunca habían sido disciplinados físicamente. “Las alegaciones hechas en contra de nalguear a los niños no se pudieron sostener. No son consistentes con los datos”, dijo Gunnoe. “Pienso en las nalgadas como una herramienta peligrosa, pero hay trabajos los suficientemente importantes donde se requiere usar tal herramienta. Nada más no la uses para todos los otros trabajos que no la amerite”.

La psicóloga infantil Elizabeth Owens, científica del Instituto de Desarrollo Humano de la Universidad de California en Berkeley realizó un estudio y concluyó: “Si analizamos la evidencia relevante, no podemos defender científicamente que las nalgadas son siempre algo horrible. No creo que las nalgadas leves y ocasionales en una familia amorosa causarán daño a largo plazo”.

Akron Law Review  (Revision de la Ley de Akron) publicó un estudio que examinó los antecedentes criminales y descubrió que los niños criados donde legalmente se prohíbe a los padres el uso de la disciplina corporal tienen muchas más probabilidades de estar involucrados en un crimen.

Dice el psicólogo Aric Sigman: “Para la mayoría de los padres, la idea de que los golpes y la violencia están en continuo es un punto de vista extraño y fetichista de lo que es el castigo. Nuestra sociedad no se debería levantar en armas si se hace juiciosamente por un padre que normalmente es cariñoso y sensible con su hijo. Se debe enseñar a los padres a distinguir esto de un puñetazo en la cara”.

Jason M. Fuller de la Facultad de Derecho de la Universidad de Akron dice que Suecia es  “…un laboratorio ideal para estudiar las prohibiciones de nalgadas” porque hace una generación se convirtió en la primera nación en imponer prohibición completa de la disciplina física. Según Fuller, los informes policiales indican que desde la prohibición, las tasas de abuso infantil en Suecia han explotado más del 500 por ciento. Incluso solo un año después de que la prohibición entró en vigor y después de una campaña masiva de educación pública del gobierno, Fuller descubrió que “no solo los padres suecos recurrían a empujar, jalonear y arremeter más que los padres estadounidenses, sino que también golpeaban a sus hijos el doble de veces”.  Después de una década de la prohibición, “las tasas de abuso físico infantil en Suecia habían aumentado tres veces la tasa de Estados Unidos” y “de 1979 a 1994, los niños suecos menores de siete años sufrieron un aumento casi seis veces mayor en abuso físico”. Más de la mitad de los alumnos suizos se someten a algún tipo de terapia en un esfuerzo por resolver problemas de aprendizaje.

Kenneth Dodge, profesor de la Universidad de Duke realizó un estudio a largo plazo del efecto del castigo corporal en 453 niños, tanto blancos como negros, siguiéndolos desde el jardín de infantes hasta el undécimo grado. Ese sí que es un estudio científico. Cuando el equipo de Dodge presentó sus hallazgos en una conferencia, los datos no alegraron a la gente. Descubrieron que mientras más se le nalgueaba a un niño, menos agresivo era con el tiempo. El niño negro que recibió nalgadas estaba menos propenso a tener problemas. Los expertos castigaron públicamente al equipo de Dodge, pero Dodge y Lansford, quienes permanecen firmes contra el uso de la disciplina física, estaban tan horrorizados que reclutaron a un equipo de catorce expertos para estudiar el uso de la disciplina corporal en todo el mundo. Los investigadores no pudieron encontrar evidencia de que las nalgadas tuvieran efectos negativos.

La Dra. Diana Baumrind de la Universidad de California, Berkeley, con la ayuda de equipos de investigadores profesionales, realizó lo que muchos consideran el estudio de desarrollo infantil más extenso y metodológicamente completo que se haya realizado. Examinaron a los hijos de 164 familias durante más de una década, desde los cuatro hasta los catorce años. Baumrind descubrió que “las nalgadas pueden ser útiles en ciertos contextos” y que “no hay evidencia de efectos perjudiciales extraordinarios debido al castigo físico normativo”. El estudio también reveló que los niños que nunca recibieron nalgadas tendían a tener problemas de conducta y no eran más competentes que sus compañeros, como habían sugerido otros expertos.

Si tuviéramos que adoptar los métodos de los expertos razonando de atrás hacia adelante usando un grupo selecto, podríamos hacer referencia a “estudios” que prueban nuestro punto. Por ejemplo, USA Today entrevistó a 29 ejecutivos de negocios muy exitosos en cuanto a la causa de su éxito y en el proceso descubrió que los 29 recibieron nalgadas cuando eran niños. Siguiendo su metodología, podríamos concluir que las nalgadas conducirán a convertirse en un ejecutivo muy exitoso. Por supuesto ese no fue un estudio científico y la relación no prueba nada excepto que las nalgadas no impiden que uno se convierta en un ejecutivo exitoso. Así es que los estudios científicos reales dan peso a lo que dice la Biblia: “La vara y la corrección dan sabiduría: Mas el muchacho consentido avergonzará a su madre”. (Proverbios 29:15)

Todos los presidentes de los Estados Unidos, incluyendo a Obama fueron nalgueados cuando eran niños, al igual que casi todos los senadores, congresistas y comandantes militares. En una entrevista de USA Weekend, 2011, la Primera Dama Michelle Obama admitió haber nalgueado a su hija Malia una o dos veces cuando era pequeña. Laura Bush le dijo al Dr. Phil que ella hizo lo mismo con sus hijas gemelas Barbara y Jenna cuando eran pequeñas. En una discusión tripartita en Fox News, Arthur Idolar dice que “le pegaron con un cinturón” y piensa que fue una “buena idea”. Gretchen Carlson dijo que “le dieron nalgadas, pero las cosas han cambiado”. El anfitrión Arthur Idolar y Johnna Spilborg, ambos fiscales y abogados defensores dijeron que ellos también les dan nalgadas a sus hijos.

“Estudio” de Nueva York

En un vuelo a la ciudad de Nueva York para aparecer en la televisión, la mujer con la que me senté en el avión dijo que había nalgueado a sus hijos. El taxista dijo que les había “pegado” a sus niños cuando fue necesario y que ahora todos estaban en la universidad o tenían éxito en los negocios. La directora del programa dijo que le dieron nalgadas y que ella les dio nalgadas a sus hijos cuando fue necesario. Las maquillistas y las ayudantes detrás del escenario también simpatizaron con mi posición.  Solo el conductor del programa y su audiencia seleccionada pensaron que “todos los estudios confirman que pegar a los niños hará que sean violentos…” El conductor del programa no tuvo hijos, gracias a Dios. Su esposo no puede concebir por razones obvias y su testigo estrella, una psicóloga infantil, dijo que “no se puede confiar en que los padres ejerzan disciplina corporal” porque están muy enojados y fuera de control, indicando  esa como la razón principal por la que no podía confiar en sí misma para administrar nalgadas.

Siendo justo

Si trazas una línea a través de la historia en la que se abandonaron las nalgadas, encontrarás que coincide con aumentos significativos en el mal comportamiento juvenil, suicidios, baja autoestima, auto-desprecio y una degeneración general de la sociedad. También descubrirás que cuando los padres abandonan la disciplina corporal, entonces recurren a métodos emocionalmente abusivos como gritar, insultar y humillar para controlar el comportamiento pervertido. No estamos sugiriendo que el cese de las nalgadas sea responsable del aumento de la mala conducta y la delincuencia juvenil. Hay muchos factores y este no es el lugar para discutirlos. Pero así como no podemos decir que la falta de nalgadas causa delincuencia, los progresistas no pueden decir por las estadísticas que las nalgadas causen delincuencia. Hay una serie de factores que contribuyen al declive de la civilización y de la rebelión e indiferencia juvenil. Sin embargo, en respuesta a la forma de pensar progresista de que las nalgadas son responsables del mal comportamiento de los jóvenes, si las estadísticas hablan en realidad sobre la delincuencia, entonces dirían que el cese de las nalgadas  ha aumentado el mal comportamiento en los jóvenes, y no que lo ha disminuido como ellos sugirieron que ocurriría al eliminar las nalgadas.

GRITAR, LAS NALGADAS MODERNAS

El Dr. Ralph S. Welsh, profesor de Ciencias de la Salud Pública, dijo: “…algunos expertos especulan que aparentemente tomando en serio la investigación que indica que las nalgadas pueden hacer que los niños sean más agresivos, enojados y que conduzcan a problemas más tarde en la vida, muchas familias están recurriendo a los gritos como una manera de controlar de sus hijos”.

Dice Amy McCready, fundadora de Positive Parenting Solutions (Soluciones positivas para padres): “Gritar son las nalgadas modernas. Es una especie de estrategia para los padres… Creo que definitivamente esta es una generación de gritones”.

El diario de Wall Street publicó un artículo de Andrea Petersen el 4 de septiembre de 2013 con el titular que llamó la atención: “Un estudio dice que gritar es tan hiriente y perjudicial como golpear”. Referente a los investigadores de la Universidad de Pittsburg, Petersen dice: “Los padres que gritan a sus hijos adolescentes cuando se portan mal pueden causar algunos de los mismos problemas que causaría el golpearlos, incluyendo un mayor riesgo de depresión y comportamiento agresivo…”